Recientemente, los debates acadĆ©micos y sociales sobre la polarización polĆtica de la deletrea. Nos preguntamos cuĆ”l era este nuevo fenómeno, en el que los paĆses estaban polarizados o que las consecuencias podrĆan tener polarización de la estabilidad de las sociedades democrĆ”ticas. Sin embargo, las discusiones sobre la polarización ya no estĆ”n tan presentes, y no porque estemos menos polarizados, sino porque asumimos que la polarización es el estado natural de nuestro tiempo polĆtico.
Pero, ¿cuĆ”l es la polarización que ya hemos normalizado? Y, en primer lugar, ¿dónde nos exploran sobre este tema?
Cuando hablamos de polarización, estamos hablando de al menos tres procesos sociales que se alimentan. Detendré cada uno de ellos con los últimos datos sobre España.
Una polarización ideológica implica que nuestra ideologĆa determina nuestros puntos de vista sobre cualquier tema.
Por lo tanto, en EspaƱa, la mayorĆa de las personas que votan por los partidos creen que tienen razón al creer que "los inmigrantes deberĆan verse obligados a integrarse en nuestra cultura" o que "aumentaron los gastos de defensa"; Las personas que votan por los partidos creen que las izquierdas estĆ”n principalmente en contra de estas declaraciones.
Por el contrario, la gran mayorĆa de los votantes de izquierda creen que el "gobierno deberĆa detener el precio del alquiler" o que "deberĆa poder romper sin restricciones", mientras que la mayorĆa de los votantes reales, no. La polarización ideológica en torno a estas medidas aumenta en las Ćŗltimas dos dĆ©cadas, tanto en EspaƱa como en otros paĆses occidentales.
El voto compartido nos ata emocionalmente
En los Ćŗltimos aƱos, asistimos a un aumento en la polarización afectiva. SegĆŗn los resultados no publicados del Proyecto NORPOL, la Agencia de Investigación del Estado fonda, la polĆtica de hoy crea mĆ”s sentimientos a favor y en contra de cualquier otra identidad social. Es decir, nos sentimos emocionalmente unidos a aquellos con los que compartimos votación que aquellos que comparten creencias o problemas religiosos como gĆ©nero, orientación sexual o cambio climĆ”tico. Es algo que tambiĆ©n discutimos, pero hoy se estĆ” volviendo aĆŗn mĆ”s obvio en EspaƱa y otros paĆses occidentales.
Finalmente, comenzamos a tener evidencia sólida sobre lo que llamĆ© a la polarización diaria, es decir, todas las diferencias sociales, demogrĆ”ficas y geogrĆ”ficas mĆ”s altas de los votantes de diferentes partidos. En nuestro dĆa, vivimos en burbujas rodeadas de personas que piensan como nosotros. El departamento entre personas y grupos con diferente afinidad partidista excede ideológica o emocional y logra cuestiones como gustos, estilos de vida y lugar de residencia.
La comida ecológica y vegetariana, la música independiente, el blues o el jazz, asà como la asistencia de conciertos musicales actuales o la visita al museo, estÔn asociados con la votación de los partidos de izquierda. Por el contrario, el flamenco, la música latina, los deportes de motor o el seguidor del Real Madrid estÔn conectados a la votación a la derecha.
Es importante que aumenten estos tres tipos de polarización: las partes se vuelven cada vez mĆ”s ideológicamente homogĆ©neas, las emociones positivas y negativas de las evaluaciones repolĆticas y la segregación social y espacial tambiĆ©n fomentan los ejes ideológicos.
Las personas viven en lugares donde compartimos gustos estĆ©ticos, pasatiempos e ideologĆa con nuestros vecinos, y esta homogeneidad nos hace a todos las opiniones distorsionadas y caricadas de personas que piensan diferentes de nosotros.
Compartimos valores incluso si no estamos de acuerdo
¿A dónde va un debate sobre la polarización polĆtica? Dos temas centrales de las Ćŗltimas discusiones acadĆ©micas sobre polarización tienen que ver con sus causas y consecuencias.
En el Ć”rea de las causas finales de la polarización polĆtica, estĆ” claro que disparó debido a la falta de normas sociales que nos impiden.
Al contrario de lo que sucede con la hostilidad en relación con los problemas raciales o de gĆ©nero, que estĆ” fuertemente sancionado por las normas sociales, en el caso de la hostilidad partidista, en el caso de la hostilidad partidista, no existen una presión social apropiada en el caso de la hostilidad partidista. No aceptamos insultos o actitudes discriminatorias hacia las personas con diferentes razas o orientaciones sexuales hoy, hoy, hoy, pero hemos normalizado insultos y malas formas en la polĆtica.
Las discusiones acadĆ©micas sobre las consecuencias de la polarización se centran en la violencia polĆtica. Uno de los problemas repetitivos en la polarización polĆtica actual es cuando la hostilidad en opiniones y actitudes se transformó en un comportamiento hostil que finalmente logran la violencia polĆtica.
Una de las conclusiones de los estudios recientes es que la mayorĆa de los ciudadanos estĆ”n dispuestos a aceptar algĆŗn nivel de violencia polĆtica si lleva esto legĆtimo o hacia su orientación ideológica.
En los Ćŗltimos aƱos, la cuestión de las soluciones de polarización abre e incluso comienza a discutir la despolarización. Esto sucederĆa si la mayorĆa de los miembros de la sociedad aceptaran eso, aunque las personas no estaban de acuerdo en el problema, comparten el valor que apoyan.
Finalmente, el debate ya no es si estamos mĆ”s o menos polarizados, sino que las consecuencias tienen polarización y cómo podemos revertir sus efectos mĆ”s respectivos de la polĆtica y la vida social.
La versión original de este artĆculo fue publicada en la revista Telos, por Foundation Telephone.
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