La respuesta inmune humana es capaz de reconocer los antĆgenos (sustancias que nuestro sistema inmune identifica como extraƱo o potencialmente peligrosamente) gracias a la superficie de los glóbulos blancos llamados linfocitos, lo que permitirĆ” que cada linfocito reconozca el antĆgeno y solo uno. Gracias al hecho de que este receptor estĆ” completamente al azar durante el desarrollo celular, crearemos una gran cantidad de receptores diferentes. Entonces podemos reconocer la gran cantidad de antĆgenos presentes en la naturaleza.
Sin embargo, si la generación del receptor se produce aleatoriamente, es muy posible que algunos tergiversaron las molĆ©culas del organismo, lo que conducirĆa a la autoinmunidad, es decir, la respuesta inmune contra nuestro propio cuerpo. Para evitar esto, tenemos mecanismos fuertes que eliminan estos linfocitos autodenaturales mientras se generan, por lo que evitamos que vayan a la sangre (perifĆ©rica). Lo sabemos como una tolerancia central.
Pero, ¿quĆ© sucede si este procedimiento biológico no evita las cĆ©lulas autoarguenadas? En este caso, el desarrollo del autocione parece inevitable.
No es tan rĆ”pido: afortunadamente, tenemos otro mecanismo que aquellas cĆ©lulas que podrĆan escapar inactivadas en la periferia, y asĆ evitar el desarrollo de patologĆas autoinmunes como el tipo y tipo de diabetes y el tipo y la diabetes celĆaca o el lupus. Este es un descubrimiento sensacional que otorgó al Premio Nobel en Medicina Shimon Sakaguchi y los estadounidenses Mary E. Bruglov y Fred Ramsdell.

Mary E. Brunkov, Fred Ramsdell y Shimon Sakaguchi, Ganadores del Premio Nobel en Medicina y FisiologĆa 2025. Regulatory Red RECHE CELDS T LENTO
Desde la dĆ©cada de 1970, los expertos postularon la existencia de cĆ©lulas que tenĆan la capacidad de combatir la respuesta inmune en las afueras y, por lo tanto, evita una reacción excesiva que podrĆa causar efectos nocivos en el cuerpo. Se sugirió que era la subpoblación T CD8 + linfocitos, pero eso era imposible mostrarlo experimentalmente. Durante aƱos, las ideas que estas cĆ©lulas para subteres no estĆ”n establecidas entre los inmunólogos.
Shimon Sakaguchi, sin embargo, no se rindió y continuó investigando en esta Ôrea. Sus esfuerzos, contra el pensamiento prevaleciente, fueron recompensados en 1995. Años, cuando probó claramente la existencia de células de la capacidad de regular negativamente la respuesta inmune. Sakaguchi las llamó células T reguladoras.
Una cosa sorprendente fue que estas cĆ©lulas no estaban en el compartimento celular de CD8 + T, como pensaba inicialmente, sino en la segunda gran subpoblación de los linfocitos T: CD4 + calado SAL. Sakaguhi tambiĆ©n mostró que se caracterizaron expresando otra molĆ©cula en una superficie celular, llamada CD25. Simple, estaba buscando estas celdas en la lĆnea incorrecta.
Reconocimiento de mutación
Paralelamente, los otros dos ganadores del premio, Mari E. Brunkov y Fred Ramsdell, trabajó en otra resolución misteriosa. Durante aƱos, los cientĆficos tuvieron el estrĆ©s de ratones muy peculiares que parecĆan espontĆ”neamente. Eran ratones ocultos (escamosos), lo que caracteriza el desarrollo de la autenticación grave, generalizada y multiorgĆ”nica, lo que resultó en una muerte prematura de animales. Brunkov y Ramsfell notaron que la mutación dada a esa soya estaba en el geneno de que fueron bautizados como FOKP3.
¿Y cómo conectamos ambos descubrimientos? Hoy, los investigadores de Nobel tambiĆ©n estudiaron enfermedades en personas muy similares a lo que han sufrido que la mutación en la gente de los genes era igualmente conocida como iPeks, que era una autoinmunidad igualmente destructiva. La razón es que FOKP3 es esencial para tales cĆ©lulas T reguladoras naturales conectadas. Producidos en la glĆ”ndula timus, son aquellos que evitan el desarrollo de la autoimilidad y el mantenimiento de la tolerancia perifĆ©rica.
Faltan estas cĆ©lulas, los pacientes no pueden mantener la tolerancia y desarrollar procesos autoinmunes severos y generalizados (caracterizados por la desregulación de la respuesta inmune, la poledocrisacia, la endocrinopĆa y las muestras hereditarias y las muestras hereditarias). Fue un descubrimiento bĆ”sico: las cĆ©lulas T reguladoras son guardias de tolerancia perifĆ©rica, un hecho que luego fue apoyado por muchos otros estudios.
CƩlulas T reguladoras inducidas
AdemÔs, en un esfuerzo por prevenir la autoinmunidad, la naturaleza nos dotó otro mecanismo para mantener la proverbial tolerancia periférica. Las células T reguladoras no solo se encuentran al nivel central en el nivel central, sino que también pueden indicar la periferia. De hecho, si las células del dispositivo de T CD4 + se alientan en presencia de ciertos factores solubles (citocinas), podemos expandirlas y viajar a ese subÔrea regulatoria, agregando otra capa en el control de autoinmunidades.
¿Y podemos aplicar este descubrimiento en la clĆnica? Por supuesto. Si expusimos al paciente con el autoismo a la fuerte acción de las cĆ©lulas T reguladoras, entonces podrĆamos detener o incluso revertir su problema. Esta idea fue difĆcil de perseguir, y hay un total de 338 ensayos clĆnicos que intentan modular la actividad de las cĆ©lulas T reguladoras para tratar ciertas enfermedades autoinmunes.
Pero no solo eso. TambiĆ©n podrĆan usarse para prevenir el rechazo transmitido e incluso en el tratamiento de tumores. En el Ćŗltimo caso, pedirĆamos todo lo contrario: reducir la actividad de las cĆ©lulas T reguladoras para que el sistema inmune mueva una respuesta antitumoral mĆ”s fuerte.
Estos hallazgos nos muestran cómo se aplica el descubrimiento de ciencias bÔsicas a las enfermedades humanas. Gracias a Shimon Sakaguchi, Maria E. Brunkov y Fred Ramsdell sabemos que las células T reguladoras brillan a su propia luz en la regulación de la respuesta inmune.
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