¿La inteligencia artificial acabarĆ” con el trabajo? Es uno de los temas mĆ”s populares en conferencias, reuniones de medios y foros polĆticos. La promesa de una gran empresa tecnológica del valle del silicio es clara: la futura superinteligencia artificial se encargarĆ” de realizar todo tipo de trabajos y el ser humano podrĆ” dedicar creatividad, tiempo libre y lleno de vida. UtopĆa con transporte casi renacentista en la que el avance tecnológico abrirĆa la puerta a la nueva edad de oro de la humanidad.
Sin embargo, esta narrativa triunfalista y simplificada esconde mucha realidad imponente, rara vez mencionada: millones de trabajadores anónimos mantienen la IA y las mÔquinas con sus esfuerzos, sufrimiento y tiempo. La inteligencia artificial no acaba con el trabajo: lo transforma, lo fragmenta y, lo que es mucho peor, lo vuelve inseguro. DetrÔs de cada modelo generativo, de cada asistente conversacional y de cada imagen se producen algoritmos, en millones de trabajadores invisibles cuyo trabajo es esencial para el trabajo.
Lejos de la visión edulcorada de un futuro sin esfuerzo, y que se construyó como un regalo marcado por la explotación globalizada de la mano de obra barata.
Trabajadores invisibles AI
Se trata de los llamados trabajadores de datos o "trabajadores de clic", que se encargan de la traducción automÔtica y, sobre todo, de la purificación de los datos oceÔnicos refutables que son depurados por los datos oceÔnicos.
Sin ellos, los algoritmos que luego se presentan como inteligentes simplemente no funcionarĆan.
Como explican Mary Gray y Siddhart Suri, la supuesta inteligencia artificial (IA) es inseparable de los trabajadores "detrÔs de la cortina". Por su parte, John P. Nelson señala que los chatbots parecen inteligentes sólo porque cientos de miles de personas entrenan, corrigen y siguen sus respuestas.
Los chatbots que hoy reaccionan a millones de consultas diarias no son el resultado exclusivo del talento de ingenieros californianos altamente remunerados, sino de la explotación de una mano de obra masiva, dispersa e invisible.
El sociólogo Antonio Casilly es conciso: la inteligencia artificial es en realidad inteligencia de "sudor y lÔgrimas". Los algoritmos no estudian solos; Se limitan a la reproducción de formas gracias al trabajo previo de millones de personas.
SegĆŗn el Banco Mundial, entre el 4,4% y el 12,5% de la mano de obra mundial (o alrededor de 150 a 425 millones), participa de alguna manera en esta economĆa digital invisible. Google ya habĆa evaluado en 2022 que pronto podrĆa superar los mil millones.
Lado Oscuro: Violencia, PornografĆa y DaƱo Psicológico
El aspecto mĆ”s inquietante de este documento no es sólo un salario incierto, sino tambiĆ©n el tipo de contenido que muchos trabajadores deben afrontar. Para que el sistema pudiera reconocer el discurso de odio, alguien tenĆa que leerlo, clasificarlo y marcarlo como tal. Para que la modelo aprendiera a filtrar pornografĆa, violencia extrema o material pedófilo, alguien tenĆa que verlo antes.
Miles de personas en Kenia, Filipinas, PakistĆ”n e India pasan todo el dĆa expuestas a las peores condiciones humanas: amenazas de violación, descripciones de torturas, asesinatos. Rebecca Tan y Regina Cabato, en el artĆculo del Washington Post, documentan que estas condiciones laborales extremas son sistemĆ”ticas y afectan a millones de trabajadores en todo el mundo.
Esta exposición constante genera consecuencias repugnantes: ansiedad, depresión, insomnio y, en muchos casos, trastornos de estrés postraumÔtico que perseveran incluso años después de haber dejado sus puestos de trabajo.
El documental francĆ©s Les sacrifice ("Salivarice AI", Henry Poulain, 2024 aƱos) recoge impactantes testimonios de trabajadores que nunca han podido recuperarse de un daƱo psicológico. En muchos casos, ni siquiera tuvieron acceso a un mĆnimo apoyo terapĆ©utico, porque las empresas subcontratadas que se encargan de estas tareas rara vez ofrecen apoyo psicológico. El silencio tambiĆ©n lo imponen los contratos de confidencialidad que prohĆben hablar sobre el trabajo, incluso con familiares cercanos.
Entrevista a Henry Población sobre su documental Les sacrifice de l'i. Inseguridad global y condiciones laborales
La ubicación de esta fuerza laboral no es casual. Grandes gigantes tecnológicos Outsourcing Estas tareas en empresas de paĆses con salarios bajos y sistemas de protección social dĆ©biles. El resultado es que los trabajadores que apoyan la IA viven en contextos de mĆ”xima vulnerabilidad. Refugiados ucranianos, madres solteras en Kenia, estudiantes en India o prisioneros en cĆ”rceles finlandesas: todos ellos forman parte de una cadena de producción global que opera en perfectas condiciones y que las empresas los emplean para evitar regulaciones laborales y obligaciones sociales.
La gran mayorĆa gana entre 2 y 9 dólares diarios, trabaja desde casa, aislado, sin contacto con compaƱeros ni supervisión eficiente, convertido en una parte de goma de la mĆ”quina movida.
Se trata de un "proletariado digital", con nuevas formas, la vieja lógica del colonialismo económico: los beneficios se acumulan en el valle del silicio, mientras que los costes humanos se distribuyen en lugares como Nairobi, Bangalore o Manila.
Vegetación: Imagen, VestĆbulo y Cubierta
Las empresas que lideran una revolución dedican enormes recursos para mejorar su imagen pública. Por ejemplo, Openai gastó casi dos millones de dólares en actividades de lobby en 2024. años.
El mensaje que han difundido: la IA es el resultado de la innovación cientĆfica y la inversión visionaria de un puƱado de emprendedores audaces. Sin embargo, nada se trata de millones de trabajadores que apoyan esta construcción en la sombra. Henry Poulain, lo clasifica a grandes rasgos en su documental: frente a "el lugar del siglo".
Una visión general que actĆŗa sólo porque estos trabajadores invisibles permanecen fuera de la luz mediĆ”tica y porque su peso social, aunque creciente, todavĆa marginal en el sentido estadĆstico.
Pero el globo podrĆa ser generalizado: segĆŗn su uso y su pluralidad, el nĆŗmero de personas atrapadas en esta economĆa da datos diabólicos.
Longevidad, altruismo efectivo y justificación moral.
Uno de los elementos ideológicos que sirve de coartada a esta situación es el llamado de larga duración. Esta corriente filosófica, muy relacionada con el llamado altruismo eficiente, se presenta como un ejemplo paradigmÔtico de cómo ciertas élites tecnológicas utilizan el futuro como coartada para ignorar el presente.
Los defensores de esta visión, encabezados por el controvertido filosófico Nick Bostra, que ha sido la prioridad de la humanidad en el largo plazo, afirman que es realmente importante garantizar a la humanidad en miles, como señalamos, como señalamos, como subrayamos, como señalamos que lo permitirÔ.
SegĆŗn esta perspectiva, el valor moral del futuro serĆa inmensamente mayor que cualquier preocupación inminente, por lo que problemas existentes como la pobreza, la desigualdad o la explotación laboral regresan. El altruismo efectivo, en este contexto, se convierte en una herramienta intelectual para justificar polĆticas y decisiones que priorizan falsas ventajas futuras en las que los costos humanos y sociales estĆ”n presentes. La fórmula es bien conocida: el fin justifica los medios.
Esta forma de pensar afectó significativamente a la mayorĆa de los lĆderes tecnológicos de Silicon Valley. El problema es obvio: bajo esta lógica, millones de trabajadores invisibles pueden ser sacrificados en nombre de las generaciones futuras, e incluso pueden existir garantĆas reales de que este futuro utópico se lograrĆ”.
Desmantelar
La narrativa triunfalista de la IA debe ser desmantelada. No basta con apelar al progreso técnico o permitir la innovación retórica introducida. DetrÔs de los sobornos de la inteligencia artificial, millones de personas sufren explotación, daño psicológico y salarios de pobreza. También hay un planeta que soporta los costos de la industria energética de protección del medio ambiente.
La inteligencia no estĆ” en las mĆ”quinas: en ellas, en las personas que las entrenan, las controlan y las mantienen. Lo que es artificial no es la inteligencia, sino el disfraz que oculta las relaciones de poder y explotación sobre las que se construyó esta tecnologĆa.
La verdadera pregunta no es si Ć©l tambiĆ©n terminarĆ” el trabajo, sino si estaremos dispuestos a poner fin a la corrección que ha permitido hoy. Si queremos un futuro justo, la innovación tecnológica debe ir acompaƱada de transparencia empresarial, regulaciones polĆticas, protección del trabajo y reflexión Ć©tica colectiva. De lo contrario, lo que nos espera no es un paraĆso tecnológico tantas veces prometido, sino que la distopĆa se construyó sobre quienes sacrifican la inteligencia artificial.
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