La infertilidad afecta a una de cada seis parejas y la causa es masculina en casi la mitad de ellas. Hoy sabemos con considerable certeza que el estilo de vida tiene un impacto importante en la salud reproductiva de los hombres, y la dieta es uno de los factores clave.
Pero no se trata sólo de "alimentación saludable". El espermatozoide es una célula muy sensible a diferentes componentes nutricionales. Algunos nutrientes pueden favorecer su funcionamiento, mientras que otros lo perjudican. Estas influencias afectan su capacidad para cumplir su misión: entregar la mitad del material genético al óvulo para iniciar una nueva vida.
La fertilidad también la cocinan los hábitos
Entonces, ¿qué deberías comer? La pregunta parece sencilla, pero la respuesta no lo es tanto. Los hombres que quieren ser padres suelen buscar alimentos o suplementos para mejorar la calidad de su esperma. Y es cierto que estudios con un alto nivel de evidencia demuestran que algunos componentes como los ácidos grasos omega-3, el zinc o la fibra dietética pueden mejorar la salud del esperma, mientras que otros, como las carnes procesadas, los azúcares simples o el exceso de café, se asocian a un efecto negativo.
Sin embargo, una visión ingrediente por ingrediente pasa por alto el verdadero impacto de la nutrición en la fertilidad masculina. La ciencia apunta cada vez más al concepto de "patrón dietético", es decir, un conjunto de hábitos alimentarios y combinaciones de alimentos que caracterizan toda la dieta.
En otras palabras, es la forma en que comemos cada día, no los alimentos específicos, lo que realmente marca la diferencia en nuestra salud y fertilidad.

Alimentos de la dieta mediterránea. Foto de Jez Timms en Unsplash
Los estudios demuestran que los patrones de alimentación saludables, como la dieta mediterránea, se asocian con una mejor calidad del esperma. Por otro lado, los patrones de estilo occidental, ricos en alimentos ultraprocesados, alimentos fritos, carnes procesadas y azúcares añadidos, se asocian con peores resultados. El mensaje es claro: la fertilidad masculina no depende de "superalimentos", sino de un conjunto coherente de hábitos alimentarios.
La dieta deja su huella en el ADN
Hasta hace poco se pensaba que la nutrición afecta principalmente a los parámetros clásicos del espermatozoide, como su motilidad, concentración o morfología. Sin embargo, estudios recientes han revelado un descubrimiento más profundo: puede modificar la integridad molecular de los espermatozoides.
En un estudio que publicamos recientemente en Reproductive BioMedicine Online, en el marco del proyecto internacional Led-Fertil y en colaboración con la Universitat Rovira i Virgili (URV), el Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili y la Universidad de Girona, observamos que la dieta también puede afectar al ADN del esperma.
Específicamente, encontramos que los hombres que seguían una dieta basada en plantas pero altamente procesada (como bocadillos, alimentos fritos, pasteles o bebidas azucaradas) tenían niveles más altos de un marcador que refleja un empaquetamiento anormal del ADN del esperma. Este tipo de cambios se ha asociado en diversos estudios con una menor probabilidad de fecundación y un peor desarrollo embrionario.
Y aún hay más que considerar. Gran parte de la evidencia actual en esta área proviene de estudios en animales, donde se ha observado que la dieta rica en grasas de un padre puede modificar pequeñas moléculas de esperma llamadas sncRNA (pequeños ARN no codificantes). Los sncRNA actúan como "sensores metabólicos" y pueden transferirse al embrión. En este tipo de modelo, la descendencia mostró un mayor riesgo de cambios metabólicos, aunque estos resultados no pueden extrapolarse directamente a los humanos.
Y por si fuera poco, la literatura científica también señala la existencia de cambios epigenéticos inducidos por la dieta: modificaciones químicas que actúan como pequeños "interruptores" en el ADN, capaces de activar o desactivar genes. La alimentación paterna podría modular estos "interruptores" de esperma sin cambiar la secuencia del ADN, afectando las primeras etapas del desarrollo embrionario.
Aunque todavía se investiga la magnitud de tales efectos, todo esto apoya la idea de que la dieta afecta no sólo a la fertilidad masculina, sino también al material genético transmitido por los espermatozoides.
La crianza de los hijos comienza mucho antes del embarazo
El espermatozoide reacciona a lo que el padre come habitualmente y esa respuesta puede dejar una huella funcional e incluso hereditaria. Pero esto no significa que pequeños desequilibrios nutricionales tengan consecuencias inevitables: estamos hablando de modificaciones del riesgo, no de determinismo biológico. Por eso, más que buscar alimentos "milagrosos", lo fundamental es mantener un patrón de alimentación saludable y sostenible en el tiempo, basado en alimentos frescos, mínimamente procesados y ricos en nutrientes.
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