Hoy en dĆa, naturalmente asumimos hospitales, diagnósticos y medicamentos, pero la atención para aliviar el dolor ha estado con nosotros durante miles de aƱos. El registro arqueológico documenta los estragos de las enfermedades en los seres humanos desde el PaleolĆtico. Fracturas consolidadas, signos de artritis y patologĆas dentales muestran una larga convivencia con el sufrimiento y las limitaciones fĆsicas en los neandertales y el Homo sapiens arcaico.
Tratamientos neandertales

Chamaemelum nobile o camomila. H. Zell / Wikimedia Commons., CC BI
Estos mismos registros también aportan las primeras evidencias de alivio del dolor, como el uso de plantas medicinales, la manipulación dental o el cuidado de discapacitados.
Una de las respuestas mĆ”s antiguas al malestar fue el consumo de plantas y hierbas. Por ejemplo, sabemos que los neandertales que vivĆan en la cueva de El Sidrón (Asturias) tomaban analgĆ©sicos y antibióticos naturales como la manzanilla (Chamaemelum nobile), el Ć”cido salicĆlico y el penicillium de yemas de Ć”lamo y de setas.
Con sedentarismo, mƔs contagios
Con la llegada del NeolĆtico el panorama biosanitario cambió radicalmente. El sedentarismo, la estrecha convivencia con los animales domĆ©sticos, la dieta cerealista, el engrosamiento demogrĆ”fico y la aparición de nuevas actividades económicas crearon una tormenta perfecta para la proliferación de infecciones, trastornos metabólicos, patologĆas osteoarticulares, problemas dentales y parasitosis.
La salud se deterioró de muchas maneras, pero también lo hicieron las respuestas: proliferaron las prÔcticas destinadas a prevenir, tratar y aliviar el sufrimiento.

CrĆ”neo de mujer del sitio La Saga con trepanación a travĆ©s de incisión parietal sin supervivencia. Sonia DĆaz.
Los testimonios de trepanaciones craneales cada vez mĆ”s complejas, cuidados prolongados de personas dependientes, uso sistemĆ”tico de plantas medicinales y sustancias psicoactivas, procedimientos quirĆŗrgicos y tratamientos rudimentarios de infecciones, dolores crónicos o trastornos intestinales demuestran un profundo conocimiento empĆrico del cuerpo humano y del entorno vegetal y animal.
Farmacias extraĆdas de la naturaleza.
El mismo conocimiento del poder terapéutico de la flora se da en otros lugares del mundo. El anÔlisis de heces fosilizadas de hace 8.000 años de antigüedad de la cueva Boqueirao da Pedra Furada de Brasil muestra el amplio conocimiento de los residentes sobre las plantas medicinales.
El estudio permite confirmar el uso de diferentes tipos de Ôrboles y plantas para aliviar problemas intestinales y respiratorios, asà como el uso de otros como antiparasitario, analgésico o expectorante.
Paciente "hielo"

Una reconstrucción plÔstica del cuerpo de Oci, tal como se conserva. Wikimedia Commons., CC BI
El testimonio mÔs completo de la medicina prehistórica es Eci, el "hombre de hielo", encontrado en los Alpes y datado en el IV milenio antes de Cristo. y. do. Su cuerpo revela muy mal estado de salud: artritis de cadera y columna, lesiones vasculares tempranas, problemas pulmonares por inhalación de humo, caries y periodontitis, anemia leve, osteomalacia e infecciones intestinales causadas por Helicobacter pylori y el parÔsito Trichuris trichiura.

El hongo de abedul Polypore (Piptoporus betulinus) tiene propiedades contra los parƔsitos intestinales humanos. Wikimedia Commons., CC BI
Pero tambiĆ©n llevaba medicinas. Entre su equipamiento se encontraban poliporos de abedul (Fomitopsis betulina), un hongo con propiedades antihelmĆnticas, y restos de un helecho medicinal, eficaz contra los parĆ”sitos que padecĆa.
AdemÔs, sus mÔs de sesenta tatuajes se concentran en zonas dolorosas, sugiriendo un uso terapéutico, con técnicas de presión, para aliviar malestares crónicos.
El caso de Oci muestra que, junto con una vida dura y enfermedades frecuentes, las comunidades prehistóricas desarrollaron conocimientos empĆricos sobre plantas, hongos y cuidado del cuerpo. Incluso hace mĆ”s de 5.000 aƱos, la enfermedad y la curación ya formaban parte de la experiencia humana.

Tatuajes presentes en el cuerpo del Padre Momia. Samadelli et al. _Revista de patrimonio cultural_. 2015. Santas medicinas... y anestƩsicos
El consumo de sustancias psicoactivas que pueden cambiar la percepción tampoco es nuevo.
Plantas como la amapola (Papaver somniferum), la efedra (Ephedra fragilis), el beleño (Hiosciamus niger), la mandrÔgora (Mandragora officinarum) o el jamón (Datura stramonium) estÔn presentes en numerosos yacimientos arqueológicos prehistóricos europeos.

Duerme papaver (variedad blanca) cerca de Madrid. CC-BI
Su hallazgo en tumbas, depósitos rituales o espacios ceremoniales sugiere que fueron utilizados para acompañar prÔcticas simbólicas, trances o experiencias asociadas con la muerte y lo sagrado.
Sin embargo, su papel no siempre fue estrictamente espiritual: un crÔneo masculino de Can Tintorre (Barcelona), sometido a dos trepanaciones, es el único individuo del yacimiento con evidencia de consumo de adormidera, lo que sugiere un posible uso sedante o analgésico para afrontar el dolor y la convalecencia.
Un legado que sigue vivo
Muchos de estos recursos vegetales siguen siendo la base de las medicinas modernas. El ingrediente activo de la aspirina se deriva de la corteza con salicilatos, los antibióticos se derivan de hongos como los del gĆ©nero Penicillium, y los compuestos que todavĆa se utilizan en medicamentos respiratorios, analgĆ©sicos u opiĆ”ceos se derivan de plantas como la efedra o la adormidera.
Estas huellas nos recuerdan que la medicina en su forma mĆ”s humana no comienza con la escritura o los tratados clĆ”sicos, sino con la necesidad de comprender el cuerpo y el sufrimiento. Dondequiera que habĆa enfermedad, habĆa una bĆŗsqueda de alivio.
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