A aquel cĆ©lebre dicho atribuido al filósofo alemĆ”n Ludwig Feuerbach de que "somos lo que comemos" habrĆa que aƱadir "somos lo que nos movemos" y, ampliando aĆŗn mĆ”s el enfoque, "somos lo que nos cuidamos". Hasta cierto punto, por supuesto, porque el disfrute de una buena salud no depende Ćŗnicamente de nuestros hĆ”bitos y precauciones –tambiĆ©n entran en juego factores como la predisposición genĆ©tica o el mero azar–, pero la ciencia sigue aportando los ingredientes para aumentar nuestras posibilidades de vivir una vida mĆ”s larga y saludable.
MenĆŗs bĆ”sicos (cientĆficos)
Ataquemos, sin mĆ”s, al primer plato: la nutrición. Como nos recordaron Ana BelĆ©n Ropero y Marta Beltra GarcĆa-Calvo de la Universidad Miguel HernĆ”ndez, los resultados acumulados durante dĆ©cadas de investigación no han hecho mĆ”s que aumentar el prestigio de nuestra querida dieta mediterrĆ”nea, que ademĆ”s de reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 o cĆ”nceres antĆdoto, asĆ como diversos tipos de cĆ”ncer. Y pese a todas las evidencias, nuestros menĆŗs actuales poco o nada se parecen a esa forma de comer, advierten los expertos, que en su artĆculo han recopilado una lista de productos que puntĆŗan y otros -como el jamón, el vino o el queso, tradicionalmente asociados a la gastronomĆa mediterrĆ”nea- que restan bastante.
Este aƱo tambiĆ©n aprendimos un concepto muy interesante: la biodiversidad alimentaria. Es decir, ademĆ”s de ingerir alimentos Ćŗtiles para la salud, es importante que haya bastantes en nuestros platos. AsĆ lo demostró un grupo de investigadores de la Universidad de Rovira i Virgili, que sometieron la dieta de 7.200 personas de entre 60 y 80 aƱos a un indicador llamado riqueza de especies en la dieta. Los resultados fueron sorprendentes: cada tipo adicional de alimento consumido regularmente reducĆa el riesgo de mortalidad en un 9%. Salir del "sota, caballo y rey" culinario vale la pena.
Otro estudio que causó revuelo –no es de extraƱar– fue uno que sugerĆa que comer toreznos podrĆa ser saludable. O al menos lo informaron los medios. Edwin FernĆ”ndez Cruz, de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), hizo una "cata" de los detalles del trabajo -realizado con las Clarisas de Soria- y dejó en cuarentena sus conclusiones: entre otros detalles, la panceta de cerdo seca y posteriormente frita siempre era consumida por las monjas con verduras que no podĆan aƱadir a toda la muestra de personas.
Lo que de alguna manera desafĆa el consenso cientĆfico es la investigación publicada a finales de este aƱo que vincula el consumo regular de jugo de naranja con una mejor salud cardĆaca a largo plazo. Hasta ahora los expertos desaconsejan categóricamente su consumo por su aporte de azĆŗcares libres, aunque no debemos olvidar que las frutas enteras siguen siendo la mejor opción por su contenido en fibra.
es hora de moverse
La segunda herramienta que mĆ”s tenemos a mano para sentirnos bien y retrasar el paso del tiempo es la actividad fĆsica. Mikel Izquierdo, catedrĆ”tico y director del Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad PĆŗblica de Navarra, fue categórico al resumir las conclusiones del informe, con las que coincidieron expertos de 40 paĆses: "los programas de ejercicio personalizado deberĆan ser tan importantes como el tratamiento farmacológico en todas las edades, pero especialmente en el cuidado de los adultos mayores. De hecho, los expertos de The Conversation destacaron sus virtudes para recuperarse de la anorexia, prevenir enfermedades mentales en adolescentes, despertar el sistema inmunológico frente al cĆ”ncer…
Y si aĆŗn asĆ no te convence, otro gran motivo para no quedarte quieto es que la actividad fĆsica, ademĆ”s de mejorar la memoria, la atención y el estado de Ć”nimo, favorece la creación de nuevas neuronas en nuestro cerebro (algo imprescindible, por ejemplo, para borrar los malos recuerdos). SegĆŗn un estudio reciente, este importante proceso de renovación de las cĆ©lulas nerviosas se ve potenciado por la liberación de pequeƱas partĆculas, llamadas vesĆculas extracelulares, que viajan a travĆ©s del torrente sanguĆneo desde los mĆŗsculos hasta el cerebro.
Es cierto que la vida moderna no lo pone fĆ”cil y, a veces, cuesta encontrar el tiempo –o la fuerza de voluntad– para calzarse unas zapatillas o acudir a un gimnasio. Beatriz Carpalo y Rita GalĆ”n, de la Universidad de San Jorge, nos presentaron una alternativa asequible: hacer el dĆa mĆ”s fĆ”cil tomando pequeƱos "descansos activos" o "meriendas de entrenamiento" en casa o en la oficina. Por ejemplo, se ha demostrado que hacer 10 sentadillas o caminar durante tres minutos cada 45 minutos es mĆ”s eficaz que caminar durante media hora seguida para mejorar el control del azĆŗcar en sangre.
En definitiva, acostumbrarse a practicar hĆ”bitos saludables puede marcar la diferencia, y no siempre en la dirección que imaginamos. ¿SabĆas, por ejemplo, que dedicar diez minutos al dĆa a cepillarte bien los dientes puede reducir las posibilidades de sufrir un derrame cerebral o la enfermedad de Alzheimer? ¿O que la lectura cambia incluso la forma fĆsica de nuestro cerebro?
Y en estos dĆas de intensas reuniones familiares y votos de armonĆa, no podemos subestimar el poder del perdón (a nosotros mismos y a los demĆ”s). Clara Gabriela Gallo y Clara Molinero, psicólogas de la Universidad Francisco de Vitoria, nos revelaron que se trata de una actitud profundamente terapĆ©utica: "cuando perdonamos, nuestro cuerpo reacciona, la presión arterial baja, el pulso se estabiliza y los niveles de estrĆ©s disminuyen. Dormimos mejor, respiramos mĆ”s tranquilamente y nuestro sistema inmunológico se fortalece". Otro buen hĆ”bito para anotar en tu lista de propósitos de AƱo Nuevo.
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