Cuando preguntamos quién fue el primer autor literario de la historia, muchos piensan en Homero. La imagen del poeta ciego de la Antigua Grecia ocupa a menudo el podio de la tradición literaria occidental.
Pero lo cierto es que debemos mirar mucho más atrás, más allá de Grecia, más allá incluso de la escritura, y dirigir nuestra mirada al origen mismo de la escritura: la antigua Mesopotamia. Allí, hace más de 4.000 años, una mujer firmó su obra con su propio nombre: Enheduana.
¿Quién era Enheduana?
Enheduana vivió alrededor del 2.300 a.C. y. C., en la ciudad de Ur, que hoy es el sur de Irak. Su figura destaca por varios motivos: fue suma sacerdotisa del dios lunar Nana, lo que le otorgó un gran poder político y religioso. Además, era hija del rey Sargón de Acad, fundador del primer imperio mesopotámico y, sobre todo, autora de una obra literaria de profundo contenido teológico, político y poético.
"Enheduana" no era su identificación personal, sino un título religioso que podría traducirse como "suma sacerdotisa, ornamento del cielo". Su verdadero nombre sigue siendo un misterio. Lo que no está en duda es su influencia: Enheduana escribió, firmó y registró su autoría, lo que la convierte en la primera persona, hombre o mujer, de la que se sabe que lo ha hecho.
Escritura, poder y espiritualidad
La escritura cuneiforme ya existía desde mediados del cuarto milenio antes de Cristo. Surgió como una herramienta administrativa, útil para llevar registros económicos, control fiscal o contabilidad ganadera. Sin embargo, en la época de Enheduana, también pasó a utilizarse para expresar ideas religiosas, filosóficas y estéticas. Era un arte sagrado, relacionado con la diosa Nisaba, patrona de los escribas, el grano y el conocimiento.
En este contexto, se muestra particularmente el carácter de este autor. Su obra combina una profunda devoción religiosa con un claro mensaje político. Su poesía está enmarcada por una estrategia imperial: legitimar el dominio acadio sobre las ciudades sumerias a través de un lenguaje común, una fe común y un discurso teológico unificado.
Una obra de altos vuelos
De Enheduana se conservan varias composiciones entre las que destacan las siguientes:
Exaltación de Inanna: Un largo himno que alaba a la diosa del amor y la guerra, Inanna, pidiéndole ayuda en su tiempo de exilio. Se considera su obra más personal y poderosa.
Himnos del templo: una colección de 42 himnos dedicados a los distintos templos y deidades de Sumeria. Aquí, Enheduana construye un mapa espiritual del territorio, elevando la conexión entre religión y poder político.
Otros himnos fragmentarios, incluido uno dedicado a su dios Nana.
Estos ejemplos no son simples textos religiosos: están estructurados con gran sofisticación, cargados de simbolismo, emoción y visión política. En ellos Enheduana aparece como mediador entre dioses y hombres; entre su padre, el emperador y las ciudades conquistadas.
¿Por qué no la conocemos?
Sorprendentemente, Enheduana no aparece en los libros de texto escolares ni en la mayoría de los cursos de literatura universitarios. Pocas personas fuera de la historia antigua o los estudios de género han oído hablar de él.

Placa, copia del himno Inanna B/Ninmesharra/Ekaltation of Inanna, escrito por Enheduana. Maša Stojanova/Museo de la pluma
Es legítimo preguntarse si el olvido de Enheduana corresponde a la invisibilidad sistémica de las mujeres en la historia cultural. Como señala la historiadora del arte Anna Valtierra Lacal, durante siglos se ha negado la presencia de mujeres escribas o artistas en la antigüedad, a pesar de que las evidencias arqueológicas demuestran que sabían leer, escribir y gestionar recursos.
Enheduana no fue una anomalía aislada: su existencia demuestra que las mujeres participaron activamente en el desarrollo de la civilización mesopotámica, tanto en el ámbito religioso como en el intelectual. El hecho de que sea la primera persona en firmar un texto con su nombre debería tener el lugar que merece en la historia de la humanidad.
Enheduana representa no sólo un punto de inflexión literario, sino también un fuerte símbolo de la capacidad de las mujeres para crear, pensar y liderar desde los inicios de la cultura escrita. Su voz resuena en tablillas de arcilla con un poder que trasciende milenios, porque con ella la historia comienza no sólo con las palabras, sino también con la voz, la experiencia subjetiva y la conciencia autorreflexiva del acto de escribir que no debe pasar desapercibida.
0 Comentarios