Hoy asistimos a la llegada de los baby boomers a la jubilación. Según la tendencia observada en los últimos años, estas personas nacidas entre 1957 y 1973 vivirán dos o tres décadas más que sus predecesores.
Son los protagonistas de la "nueva longevidad". Como señala el psicólogo y gerontólogo Javier Janguas en su libro Pasos hacia una Nueva Era (Destino, 2021), este nuevo período de su vida constará de tres fases cronológicas con diferentes necesidades: la primera fase -históricamente nueva- en la que se sentirán mayores, pero no viejos; un segundo de "fragilidad", en el que aparecerá un diálogo con la patología; y, sólo en la tercera etapa, la dependencia.
Estos son los nuevos mayores
El panorama ha cambiado, y también las necesidades de las nuevas personas mayores: ya no son las mismas que hace 20 o 30 años. No necesitan alfabetización digital. Experimentaron la emancipación de la mujer y su avance en la vida pública.
Más preparadas intelectualmente, estas personas tienen un enfoque del autocuidado diferente al de otras generaciones. No quieren depender de sus hijos y valoran la realización de un proyecto de vida en el que su bienestar, salud y relaciones sociales estén presentes de forma equilibrada. Sin embargo, el autocuidado, la autonomía personal y el envejecimiento activo son horizontes que les resultan insuficientes. Exigen más.
Éste, en resumen, es el retrato que se dibuja en las conclusiones del I Seminario sobre la Nueva Longevidad, celebrado entre el 23 y el 25 de octubre en Calonge y Sant Antoni (Girona), organizado por el Campus Experiencia de la Universidad Internacional de Cataluña. Expertos de 16 universidades de todo el mundo confirmaron que las demandas de la generación que hoy se jubila no son sólo sanitarias y asistenciales, sino también educativas, relacionales y significativas.
¿Qué hacer con ese tiempo extra?
Como señala Janguas, estos nuevos jubilados son en su mayoría adinerados, pero se ven obligados a emprender una nueva vida después del trabajo sin un propósito claro. Vivirán más que sus predecesores, pero ¿qué harán con el tiempo extra? No se sabe ni se ha dado una respuesta clara.
Es una situación frustrante para ellos y para los demás, porque no se trata de alargar los años de vida, sino de llenar los años de vida, dándole sentido y propósito a esa fase.
Además, los nuevos mayores son a menudo víctimas de una soledad no deseada, que es la "epidemia silenciosa" de nuestro tiempo. Hoy en día, se estima que el 13,4% de los españoles la padece, y que el 22,9% experimenta esta sensación a lo largo del día. En Europa, alrededor de 30 millones de personas se sienten a menudo solas.
Esta soledad puede ser física, psicológica o espiritual, y además de la falta de sentido, tiene consecuencias para la salud: más sedentarismo, aislamiento, patologías y adicciones. Varios estudios coinciden en que los sentimientos de soledad provocan ansiedad, depresión y deterioro cognitivo en las personas mayores.
Leer más: Así afecta la soledad al cerebro de las personas mayores
Por lo tanto, resolver el problema de la falta de sentido y la soledad no es un desafío de salud sino social y en gran medida está sin resolver.
Es por ello que los expertos y académicos convocados en el mencionado encuentro alentaron el trabajo desde el nivel universitario con las instituciones públicas. El objetivo es medir aspectos críticos de la "nueva longevidad" y diseñar políticas e iniciativas que vayan más allá de la simple promoción del envejecimiento activo, el ejercicio físico y la autonomía personal.
Tiempo libre "significativo"
La provisión de sentido en esta etapa de la vida proviene básicamente del número y calidad de las relaciones sociales, especialmente entre iguales. Varios estudios confirman que cuando las personas participan en actividades "significativas" (clases interactivas, voluntariado, senderismo, talleres, viajes, etc.) recuperan el sentimiento de vida y de pertenencia al grupo. Esta participación y cooperación también promueve el bienestar y la calidad de vida.
El ocio, sin duda, ocupa un lugar destacado. Un tiempo de ocio libremente elegido que promueva el verdadero empoderamiento de las personas mayores y su adaptación al contexto en el que viven: un mundo cambiante.
La educación universitaria para adultos mayores se revela como el medio óptimo para lograr este objetivo, promoviendo el crecimiento personal y construyendo relaciones satisfactorias y sólidas entre iguales. Esto está consagrado en el principio 1 del Pilar Europeo de Derechos Sociales (2017), que garantiza el derecho a una educación, formación y aprendizaje permanente inclusivos y de calidad, para que todos puedan participar plenamente en la sociedad y gestionar la transición laboral.
Emergencia: prescripción social
Para los expertos reunidos en Kalonge, es urgente ampliar las iniciativas enmarcadas en la llamada "prescripción social" de las personas mayores, como complemento a la prescripción médica. Se trata de una filosofía y política pública muy extendida en los países anglosajones basada en una idea tan simple como radical: que la salud tiene una dimensión social muy importante.
Una pequeña intervención -una conversación, un momento de compañía- puede cambiar el curso de la vida, mejorar la autonomía personal y la salud. Es un enfoque holístico que conecta a las personas con actividades significativas gracias al apoyo de la comunidad, lo que mejora su bienestar y significado de la vida.
Es decir, la prescripción social debe pasar de algo excepcional a algo esperado. Para conseguirlo, administraciones, ayuntamientos, servicios sanitarios y universidades deben trabajar juntos para impulsar medidas.
La conexión entre el sistema sanitario y los recursos comunitarios debe ser más tangible a través de la creación de redes de confianza, coordinación y conexión en las que estén presentes lo universitario, lo cultural, lo artístico, lo musical, etc. Cualquier aula, parque o cafetería puede convertirse en un espacio de prescripción social. Y aunque cada proyecto es diferente, en realidad todos forman parte de una misma red informal para promover el bienestar.
Es necesario tender puentes no sólo entre la salud y la comunidad, sino también entre generaciones, culturas y disciplinas. Esto no sólo mejorará el bienestar individual, sino que también transformará la forma en que las sociedades se preocupan, se conectan y prosperan en tiempos de la "nueva longevidad".
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