La tradición de los Reyes Magos emociona a niños y mayores por todo lo que conlleva: escribir una carta con los regalos deseados, acudir al desfile para ver a sus majestades los Reyes Magos de Oriente y sus pajes reales, el cartero real, acróbatas y malabaristas, carrozas de colores y miles de caramelos volando por el aire. Pero, sobre todo, lo que más se espera es despertar el 6 de enero para abrir los regalos y compartir esa alegría con nuestros seres queridos.
A nuestra edad ya sabemos quién compra, envuelve y lleva los regalos a casa. Ahora sería posible, en un futuro próximo, depositarlos en balcones y jardines con alguna tecnología que pueda hacerlo. Sería posible que flotas de drones volaran sobre las vías aéreas de la ciudad para transportar regalos a hogares iluminados. Porque, como parece haber dicho Julio Verne, "lo que un hombre puede imaginar, otro lo puede hacer".

Desfile de Reyes Magos en Madrid. Wikimedia Commons., CC BI-SA Tecnología cotidiana
Para que la tecnología se integre a la sociedad se requieren tres condiciones obligatorias: que se encuentre en un estado avanzado, que corresponda a las demandas de la sociedad y que existan normas que la regulen.
El 1 de enero de 2021 entró en vigor el reglamento europeo sobre el funcionamiento de drones, que permite realizar vuelos en cualquier tipo de entorno, urbano o rural, siempre que se garantice la seguridad operativa. El 26 de enero de 2023 se aprobó otro sobre la gestión del espacio aéreo de estos vehículos (U-Space).
La combinación de ambas normativas permite el vuelo de múltiples drones con capacidad de transporte, operados por un proveedor de servicios aéreos para vuelos en zonas urbanas y rurales.
Antecedentes militares
Los drones aparecieron al comienzo de la Primera Guerra Mundial, cuando se introdujo la aviación, y se utilizaron para entrenar a los pilotos de la Fuerza Aérea Británica (RAF) en combate aéreo. Han pasado más de 100 años y desde entonces no han dejado de utilizarse en el ámbito militar.
Tras un siglo de evolución tecnológica, actualmente integran la tecnología más avanzada en el campo de la aviación. Además, son aviones capaces de volar de forma automática e integrar sensores de todo tipo (RGB, multiespectrales, térmicos, LiDAR, medición de gases…) para aplicaciones antes inimaginables. Asimismo, pueden garantizar la seguridad operativa e instalar paracaídas.

Dron Ehang 184, creado en China para el transporte de pasajeros. Wikimedia Commons., CC BI Taxis aéreos autónomos
Ya se utilizan para el transporte de mercancías y pasajeros (en China hay dos empresas certificadas para el transporte de personas), con plataformas específicas para despegue y aterrizaje (vertiport). Integran en sus funcionalidades el resto de tecnologías en desarrollo (inteligencia artificial, 5G, big data, Internet de las cosas, ciberseguridad...).
Por otro lado, todavía están en desarrollo sistemas que permitirán la gestión de un espacio aéreo específico para drones, de modo que se pueda compatibilizar el vuelo de múltiples aeronaves autónomas con operaciones repetitivas de forma organizada y con la necesaria seguridad operativa. Los sistemas de detección y evitación (sistemas para advertir el tráfico y evitar colisiones) facilitarán, por ejemplo, el vuelo autónomo de drones en un futuro próximo.
Una demanda real de la sociedad
En el caso concreto de España, la primera normativa sobre drones entró en vigor en 2014. Actualmente hay más de 190.000 pilotos certificados para operar drones y más de 100.000 operadores (empresas) dedicados a la explotación comercial de estas aplicaciones.
Abarcan los ámbitos de la geomática y la gestión territorial, la agricultura (desde la generación de mapas prescritos hasta las aplicaciones fitosanitarias), las inspecciones industriales y energéticas (eléctricas, fotovoltaicas y eólicas), las operaciones logísticas, las zonas portuarias, la biodiversidad o las situaciones de seguridad y emergencia.
La Policía Nacional, Guardia Civil, Policía Regional y Policía Local han integrado drones en sus operaciones, junto con bomberos, protección civil y militares, siendo el abanderado la Unidad Militar de Situaciones de Emergencia (UME).
Ayuda en momentos críticos
Así, se utilizaron drones en el volcán de La Palma para monitorear ríos de lava y medir la temperatura.
En el caso de daños, ocurridos en Valencia en 2024, fueron utilizados en la fase de emergencia y post-emergencia con las siguientes misiones: búsqueda de personas desaparecidas; apoyo de rescate; monitoreo y revisión de infraestructura crítica; realizar mapeos 3D para análisis de daños y medición de volúmenes afectados; evaluaciones de daños agrícolas y aplicación de productos fitosanitarios para evitar plagas; medición de gases atmosféricos; determinación de elementos subterráneos (radar geográfico); la realización de batimetrías para el levantamiento de las desembocaduras del Turia y la Albufera; o leer matrículas de coches apilados con IA para su identificación. En 50 días se realizaron un total de 1.360 operaciones aéreas, de las cuales el 78 por ciento fueron realizadas con drones.
Navidad 2050, Valencia
El desfile, a su paso por la Plaza del Pueblo, muestra lo mejor de sí: innumerables drones, de todos los tamaños y tipos, están decorados con luces navideñas y exhiben con orgullo los regalos en sus barrigas. Los Reyes Magos de Oriente y sus cohortes sobrevuelan a Sus Majestades: acróbatas, carrozas... Miles de caramelos vuelan hacia las manos de los niños, golpeando algunas cabezas que, distraídas, miran embelesadas a los drones.
El centro de control de U-Space ha estado en preparación durante todo el año. El panel principal de la sala muestra una ciudad digital con la posición de los drones y las rutas a seguir. El director de operaciones, sentado detrás del controlador, suspira y ordena: ¡que vuelen los Magos!
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