Pocas partes de nuestra anatomĆa llaman mĆ”s la atención que nuestro trasero.
Foco de atracción innegable, los artistas siempre han sabido que las nalgas actúan como un poderoso imÔn para nuestra mirada. Por eso su actuación siempre ha sido especialmente concienzuda en lo que respecta al tratamiento de esa parte protuberante de nuestro cuerpo. Desde la perfecta belleza del trasero de la Venus de VelÔzquez en el espejo hasta la maravilla glútea del Perseo de Bevenuto Cellini, debo admitir que la doble curvatura que corona nuestra parte aboral (en el extremo opuesto a la boca) me parece una maravilla de la naturaleza.

Venus del espejo, Diego VelƔzquez. https://commons.vikimedia.org/viki/File:Diego_Vel%C3%A1zkuez_-_Rokebi_Venus.jpg, CC BI
Pero no os dejĆ©is engaƱar, mi respeto no es sólo estĆ©tico. Mi completa fascinación es quĆ© significó su morfologĆa para hacer del Homo sapiens lo que somos.
monos culonas
El diseño de las nalgas humanas es bastante inusual. Si miramos a nuestros parientes evolutivos mÔs cercanos (chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes), sus nalgas no son particularmente globulares ni muscularmente prominentes (aunque las ampollas, colores o inflamaciones que pueden adornarlas contribuyen a su prominencia visual). En comparación con el tamaño del cuerpo, las nalgas humanas son significativamente mÔs grandes, mÔs redondas, mÔs musculosas y mÔs protuberantes dorsalmente.
¿PorquĆ© es eso? Bueno, el aspecto clave del drĆ”stico cambio en el stock fue el hecho de que nuestros predecesores resistieron. Algo tan difĆcil como caminar con dos puntos de apoyo en lugar de cuatro supuso muchos cambios. Y para evitar caer de cara al suelo, fue necesario cambiar la parte trasera.
El nuevo culo que revolucionó nuestra historia
El bipedalismo significó una reordenación total de nuestro esqueleto. Reorientando el sacro, acortando y rotando la cresta ilĆaca y remodelando el isquion y el pubis, se consiguió una pelvis mucho mĆ”s adaptada a la posición erguida y capaz de soportar todo el peso que recaĆa sobre el tronco y la cabeza.
AdemÔs de una cadera mÔs fuerte, la cabeza del fémur (esférica) y el acetÔbulo (el agujero donde encaja esa bola) maximizaron su superficie de contacto, lo que redujo la presión sobre la articulación sobrecargada con tanto peso y mejoró nuestra estabilidad.
Pero en anatomĆa los cambios nunca son aislados. Los mĆŗsculos insertados en esta nueva estructura ósea tambiĆ©n han cambiado significativamente. AsĆ, aunque nuestros glĆŗteos estĆ”n compuestos por los mismos mĆŗsculos que los mĆŗsculos de nuestros ancestros arbóreos (glĆŗteo, piriforme, obturador externo, obturador interno, gĆ©mino inferior y gĆ©mino superior), sus formas se han transformado, especialmente las de los tres pares de glĆŗteos. Y este cambio de forma representó un enorme cambio de función.
Para empezar, nuestro glĆŗteo mayor o glĆŗteo mayor ha sufrido un desarrollo extraordinario que lo proyecta dorsalmente, volviĆ©ndolo "invertido". AsĆ, el que hoy es el mĆŗsculo mĆ”s grande de nuestra anatomĆa dejó de ser sólo un estabilizador lateral (como ocurre en otros primates) para posibilitar dos cosas muy importantes. Por un lado estabilizar el cuerpo erguido (y sin colapsar la pelvis) cuando levantamos una pierna para dar un paso. Por otro lado, algo muy interesante para un mono que acaba de bajar de un Ć”rbol: que puede huir con sólo dos "patas".
SĆ, tener un glĆŗteo mayor espectacular con gran parte de sus fibras insertadas directamente en el fĆ©mur es lo que permite la propulsión del cuerpo durante una carrera. La prueba la tenemos en la fuerza del glĆŗteo mĆ”s grande exhibido en la final olĆmpica de 100 metros.
A su vez, el glĆŗteo medio, que abduce la cadera (separa el muslo del eje central del cuerpo), estabiliza la pelvis durante la marcha bĆpeda. Lo hace porque, cuando solo se apoya un pie, el glĆŗteo medio del lado de apoyo evita que la pelvis caiga hacia el lado opuesto. Es por eso que CĆ©sar, el lĆder de la rebelión de los simios en El planeta de los simios, camina con un movimiento brusco de sus caderas. Este andar como pato es el que muestran las personas con lesiones en estos mĆŗsculos, lo que se conoce como andar de Trendelenburg.
Estable sobre dos patas
El tercer glúteo menor, pasa de una orientación posterior a una mÔs lateral, lo que también contribuye a la estabilización controlando el movimiento "fino" cuando caminamos o corremos. Lo hace porque, cuando se contrae, mantiene la "bola" del fémur firmemente insertada en la cavidad del acetÔbulo mientras el cuerpo se mueve. Esto evita que el dolor lateral de cadera sobrecargue la articulación cuando el peso del cuerpo la presiona.
Los glĆŗteos medio y menor lograron estos efectos biomecĆ”nicos no tanto cambiando su forma, sino cambiando la orientación de sus fibras. Al disponerlos horizontalmente, facilitaron la abducción y la estabilización bĆpeda. Su alineación en los monos, mucho mĆ”s vertical, es lo que les confiere una facilidad asombrosa a la hora de trepar.
En esta autĆ©ntica revolución arquitectónica que vivimos los primates que nos volvimos bĆpedos, los ligamentos tambiĆ©n se reorganizaron funcionalmente. Por poner un ejemplo, el gran desarrollo que ha experimentado el iliofemoral nos ha permitido soportar apenas carga muscular. Los isquiotibiales, por su parte, se han convertido en maravillosos asistentes del glĆŗteo mayor para las carreras de velocidad.
La guinda del pastel
Pero no nos engañemos. Unos glúteos bonitos requieren un efecto "melocotón". Es decir, necesitan esfericidad.
Esto se debe al elemento remodelador por excelencia, es decir, la grasa bien distribuida. Pero ojo, los criterios estĆ©ticos no fueron los que prevalecieron cuando la selección natural nos puso "un poco de grasa por aquĆ y por allĆ”" en nuestro trasero. Esa era su funcionalidad versĆ”til. Y el tejido adiposo de los glĆŗteos actĆŗa como un cojĆn natural, protege los huesos de la pelvis (principalmente el sacro y el isquion), reduce la presión al sentarse (mejorando la distribución de fuerzas) y absorbe gran parte de los impactos al caminar o correr.
Como si eso no fuera suficiente, recientemente se ha descubierto que la grasa de los glĆŗteos tiene propiedades protectoras contra la resistencia a la insulina, la diabetes tipo 2 y muchas enfermedades cardiovasculares. Deb, por tanto, fue la responsable de que los glĆŗteos acabaran siendo un "invento" redondo.
Ya sabes, a partir de ahora, cuando tus ojos deambulen mÔs allÔ del redondo, proporcionado y aterciopelado detrÔs de Villa Borghese Hermafodito, no sentirÔs mucha conciencia. En realidad, sólo confirma una gran verdad biológica: que el burro nos hizo humanos.
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