Nueve meses después del inicio de una guerra arancelaria promovida por la administración Trump, las cadenas de suministro atraviesan un momento de inmensa fragilidad: se están rediseñando las rutas comerciales, se renegocian los contratos y se revisan los planes logísticos. Pero la tensión no se explica sólo por la pugna entre Washington y Beijing. Todo el mapa geopolítico se ha convertido en el factor decisivo para cualquier operador global.
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Panorama geopolítico
En Europa del Este, el conflicto entre Rusia y Ucrania, que cumplirá cuatro años el próximo mes de febrero, sigue ejerciendo presión sobre los mercados energéticos y agrícolas. La volatilidad de los precios del gas y del diésel y las dificultades para hacer negocios en el Mar Negro han afectado de lleno a diversos sectores como el de la automoción, el químico y el alimentario. Las materias primas siguen sujetas a fuertes fluctuaciones y el riesgo de perturbaciones persiste en cada temporada agrícola.
En Medio Oriente, la incertidumbre geopolítica que rodea al Mar Rojo y los Estrechos de Bab el-Mandeb y Ormuz desestabilizó el transporte marítimo. Los desvíos alrededor del Cabo de Buena Esperanza suman dos semanas de tránsito hacia Europa, tensan el suministro de capacidad global y aumentan los costos de los seguros. Las líneas intentan normalizar sus escalas, pero cada incidente les obliga a reconsiderar los desvíos, creando un efecto dominó en puertos de tres continentes.
Mientras tanto, China ve cómo la estrategia China Plus One (evitar producir sólo en China y diversificarse hacia otros países con bajos costes de producción) va ganando terreno: parte de la producción se está trasladando a India, Vietnam o México, creando nuevos corredores logísticos que aún quieren consolidarse.
Una disputa por minerales críticos, un pulso tecnológico por los chips y la sombra constante de Taiwán completan un cuadro geoestratégico cada vez más complejo.
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Negocio de carga en 2026
El mercado de la logística avanza, pero con el freno de mano puesto. Los costes de los fletes se han recuperado desde los mínimos del verano, aunque todavía están sujetos a variaciones. La fiabilidad operativa apenas supera el 60% y la congestión vuelve a ser un problema recurrente en determinados corredores. Al mismo tiempo, el transporte aéreo sigue estando bajo presión por la demanda de comercio electrónico y la necesidad de encontrar alternativas rápidas cuando el transporte marítimo se ve afectado.
Este año, la pregunta ya no es sólo cuánto costará mover contenedores, sino cuánta seguridad puede brindar cada ruta en un mundo donde la geopolítica pesa tanto como la demanda y donde cada incidente local tiene un impacto global. Los analistas coinciden en que en 2026 las cadenas de suministro navegarán por un escenario híbrido, donde avances tecnológicos prometedores coexistirán con tensiones estructurales aún no resueltas.
Reconfiguración de las carreteras Asia-Europa
Las circunvalaciones alrededor del Cabo de Buena Esperanza tal vez ya no sean una solución temporal si no se mejora constantemente la seguridad en el Mar Rojo. Algunas compañías navieras ya están diseñando redes permanentes basadas en tránsitos más largos pero más predecibles, priorizando la estabilidad sobre la velocidad.
Permanece 'cerca de la costa'
Continuará la deslocalización parcial a México, Europa del Este o el Sudeste Asiático, pero la producción de componentes clave, como baterías, paneles solares o productos electrónicos, seguirá dependiendo de China, que seguirá siendo vulnerable a cualquier tensión geopolítica.
Automatización de almacenes y puertos
La presión sobre los costes laborales y la necesidad de una mayor adaptación al cambio impulsarán las inversiones en automatización de terminales, gestión de almacenes, digitalización de documentos y trazabilidad. No será un desarrollo homogéneo, pero sí muy visible en los principales centros logísticos europeos.
Aviones, válvula de evacuación para presiones logísticas.
El comercio electrónico, el transporte de productos de alto valor y las emergencias causadas por interrupciones en el transporte marítimo mantendrán alta la demanda de carga aérea. En este escenario, Europa y Oriente Medio competirán por convertirse en un gran centro de interconexión Este-Oeste.
Proveedores integrales
Las empresas buscan tener menos proveedores y soluciones más integrales ("end to end" o contratos E2E) en un modelo donde la naviera, el transportista o el operador logístico se hace cargo de toda la cadena, desde la fábrica hasta el cliente final, integrando transporte, almacenamiento, seguimiento y gestión de riesgos.
Constante volatilidad de los fletes
Aunque es probable que los precios se estabilicen alrededor de 2025, la volatilidad seguirá siendo la norma. Un solo incidente (un puerto bloqueado, un conflicto regional o un aumento de tarifas) puede cambiar las tarifas en cuestión de días. Por otro lado, la oferta de logística marítima seguirá siendo limitada.
Un cliente más exigente y menos tolerante con los retrasos
En 2026, habrá un cambio cultural: las empresas exigirán no sólo precio y capacidad, sino también previsibilidad y visibilidad en tiempo real. Quien no pueda ofrecer, se quedará atrás.
Entre la fragilidad del mercado y la presión para mantener el flujo de mercancías, el sector se enfrenta a una pregunta inevitable: ¿podrá la logística predecir el próximo shock antes de que suceda?
Reto cumplido. Adaptación, en curso.
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