Mientras los gobiernos de todo el mundo están endureciendo los controles migratorios, España ha tomado un camino sorprendentemente diferente. En enero de 2026, el gabinete español aprobó un decreto que abre el camino a la residencia legal para los cientos de miles de inmigrantes indocumentados que ya viven en el país. En un momento en que las deportaciones, las detenciones y la exclusión dominan los debates sobre migración en otros lugares, España ha optado por la regularización.
Esta medida permite a los inmigrantes sin estatus legal solicitar permisos de residencia temporal, escapando así de la invisibilidad administrativa. El contraste con otros países es marcado. A medida que ICE intensifica sus operaciones en Estados Unidos y los gobiernos europeos -incluido el Reino Unido- avanzan hacia políticas de inmigración más duras, España ha manifestado su voluntad de integrar en lugar de excluir.
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Aún falta mucho para llegar
La regulación no es el resultado de una iniciativa gubernamental repentina, sino de un proceso político y social de largo plazo. Sus raíces se encuentran en la "iniciativa legislativa popular", un mecanismo consagrado en la Constitución española que permite a los ciudadanos presentar propuestas legislativas al parlamento con al menos 500.000 firmas de apoyo.
En este caso, más de 700.000 personas apoyaron la iniciativa impulsada por organizaciones sociales que buscan la legalización extraordinaria de los inmigrantes que viven en España sin papeles. Según los organizadores, unas 500.000 personas se vieron afectadas, es decir, vivían y trabajaban en España sin acceso a los derechos básicos.
En abril de 2024, el Congreso de los Diputados votó abrumadoramente a favor de considerar la propuesta. Un total de 310 diputados lo apoyaron, con sólo 33 votos en contra; el partido de extrema derecha Vox fue el único que se opuso. A pesar de este amplio apoyo parlamentario, la iniciativa se estancó ese mismo año y permaneció bloqueada.
El reglamento adoptado en enero de 2026 revive explícitamente la propuesta liderada por los ciudadanos, pero también se basa en experiencias anteriores en España. El precedente más significativo se remonta a 2005, cuando el gobierno de José Luis Rodríguez Zapater, del Partido Socialista, legalizó a más de 570.000 inmigrantes indocumentados.
Este proceso anterior juega un papel importante en el debate actual: la investigación académica ha demostrado que condujo a mayores ingresos fiscales y contribuciones a la seguridad social, así como a mejores resultados en el mercado laboral. Lo más importante es que no produjo el gran efecto de "imán del bienestar social" que a menudo citan los críticos de las políticas de regularización.
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¿Qué se aprueba exactamente?
Según el nuevo régimen, cualquier extranjero que ya estuviera en España antes del 31 de diciembre de 2025 podrá solicitarlo siempre que acredite al menos cinco meses de residencia continuada. La prueba de residencia se puede establecer mediante documentos públicos o privados, o una combinación de ambos. Los solicitantes no deben tener antecedentes penales y no deben ser considerados una "amenaza al orden público".
En el caso de los solicitantes de asilo, la elegibilidad depende de si presentaron una solicitud de protección internacional antes del 31 de diciembre de 2025 y pueden documentarla.
Los candidatos seleccionados recibirán un permiso de residencia válido por un año. Transcurrido ese plazo, deberán trasladarse a una de las categorías de residencia normal según la normativa migratoria española. Esta medida no otorga estatus permanente, ciudadanía ni derechos de voto (excepto en las elecciones locales, pero bajo condiciones muy exigentes).
Su principal objetivo es la formalización. La regulación permite a las personas que ya viven y trabajan en España ingresar al mercado laboral legal, pagar impuestos y contribuir a la seguridad social, en lugar de quedar atrapadas en la economía informal. El proceso se aplica por igual independientemente de la nacionalidad.
La unidad familiar es otra piedra angular de la ordenanza. Los hijos menores de edad de los solicitantes que ya se encuentren en España podrán legalizarse al mismo tiempo, obteniendo permisos de residencia con una validez de cinco años. El gobierno también ha confirmado que los menores al cuidado de inmigrantes indocumentados y solicitantes de asilo calificados están cubiertos por la medida.
Las estimaciones oficiales sugieren que más de 500.000 personas podrían beneficiarse, pero esta cifra puede ser una subestimación. Según un reciente informe del think tank económico Funcas basado en datos de 2025, el número de personas que viven en situación irregular en España podría ascender a 840.000.
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El tiempo es importante
Aparte de su sustancia, el momento del decreto provocó una intensa controversia política. Esto llega en un momento de evidente fragilidad de la coalición gobernante, especialmente del Partido Socialista (PSOE).
El gobierno enfrentó resultados decepcionantes en las elecciones regionales y relaciones cada vez más tensas con sus aliados parlamentarios, especialmente el partido nacionalista catalán Junts. También existe una atmósfera más amplia de malestar político vinculado a las acusaciones de corrupción que involucran a miembros del PSOE, incluida la familia del primer ministro Pedro Sánchez. Dos exsecretarios de la organización del partido y estrechos colaboradores de Sánchez, Santos Cerdán y José Luis Ábalos, se encuentran actualmente en prisión, acusados de corrupción relacionada con contratos públicos.
En este contexto, los partidos de la oposición, concretamente el conservador Partido Popular (PP) y el ultraderechista Vox, han acusado al Gobierno de utilizar la política migratoria como distracción, señalando el mortal accidente de tren en Adamuz el 18 de enero, que se cobró al menos 46 vidas, así como la crisis más amplia en el sector ferroviario.
Sin embargo, esta narrativa de "distracción" ignora la larga gestación de la medida. La recolección de firmas para la iniciativa legislativa popular comenzó en 2021, y el Congreso respaldó formalmente la propuesta en abril de 2024, casi 21 meses antes de que el decreto fuera finalmente aprobado en 2026.
La aritmética parlamentaria también jugó un papel importante en esta decisión, ya que el ejecutivo español no tiene mayoría parlamentaria. A partir de las elecciones de 2023, los votos combinados del PP, Vox y Junts (que apoyaron a Sánchez en 2023 pero ya no pueden ser considerados un aliado parlamentario) representan una estrecha mayoría de derecha, aunque el propio gobierno está dirigido por la izquierda.
Esto ayuda a explicar la decisión de proceder mediante real decreto, un instrumento normativo que no requiere ratificación parlamentaria. No se trata de un caso aislado: medidas como el gasto en defensa también han avanzado en este sentido.
Gestión mediante regularización
Irónicamente, en un sistema parlamentario como el español, donde el ejecutivo se crea mediante un voto de investidura, el mismo gobierno que se formó con el apoyo del parlamento en 2023 ahora está haciendo todo lo posible para evitar una votación en el parlamento. España no ha aprobado un nuevo presupuesto nacional desde 2022 y el gobierno no ha presentado un proyecto de presupuesto para 2025.
La razón es clara: reunir a la mayoría se ha vuelto extremadamente complejo. Cualquier coalición viable debe incluir no sólo a los partidos gobernantes, PSOE y Sumar, sino también a nacionalistas regionales y partidos independientes, así como fuerzas tanto de izquierda como de derecha, todos con sus propias agendas, rivalidades y tensiones internas.
Nada de esto tiene precedentes. Los gobiernos minoritarios y los parlamentos fragmentados son características familiares de la política española. Lo nuevo, sin embargo, es la intensidad de la polarización política, que crea la impresión de un escenario excepcional o completamente nuevo.
Desde esta perspectiva, el decreto de regularización puede entenderse como un intento del gobierno de recuperar la iniciativa sin pasar por el Congreso, estableciendo una agenda política y reparando las tensas relaciones con su socio parlamentario de izquierda Podemos.
Aunque Podemos tiene sólo cuatro de los 350 escaños de la Cámara, esos escaños son decisivos: en un parlamento minoritario, ninguno puede darse por sentado. Así funcionan los gobiernos minoritarios, fijando la agenda y negociando constantemente con otras fuerzas políticas, y en ese sentido no hay nada inusual: es simplemente un gobierno que manda.
En última instancia, el decreto refleja una elección política más amplia. Si bien muchos gobiernos están dando prioridad al cierre de fronteras y a las deportaciones, España ha decidido abordar la realidad de que cientos de miles de personas ya viven y trabajan en el país sin estatus legal.
La experiencia hasta ahora demuestra que su incorporación al ordenamiento jurídico fortalece las finanzas públicas, mejora la cohesión social y, sobre todo, restituye derechos a las personas que ya forman parte de la sociedad española.

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