La Biblioteca de Alejandría era un gran centro de conocimientos antiguos que, según estimaciones de los expertos, contenía hasta 700.000 ejemplares. Una serie de acontecimientos a lo largo de los siglos destruyeron esta joya del conocimiento y se perdieron para siempre documentos con miles de años de historia que contenían información irremplazable para la cultura humana.

Representación artística de la biblioteca del siglo XIX, basada en parte en la evidencia arqueológica disponible en ese momento. O. Von Corve, CC BI
Hoy en nuestras universidades y centros de investigación encontramos pequeñas "Alejandrías" en forma de colecciones de cultivos de microorganismos. Contienen información única sobre procesos, formas de vida y compuestos, resultado de millones de años de evolución.
La misión de estas colecciones es preservar y comprender la diversidad genética de los grupos taxonómicos de nuestro planeta y ponerla a disposición para múltiples propósitos. Son materia prima de innumerables procesos biotecnológicos en diferentes campos como la medicina, la alimentación, los biomateriales o las energías limpias, y forman parte de retos globales como la falta de antibióticos o la crisis alimentaria.
Reyes extranjeros
El día a día de una colección de cultivos consiste en preservar organismos, identificar y suministrar cepas a instituciones científicas o al sector empresarial. Cada vez más se incluyen también las tareas de caracterizar compuestos o procesos que puedan ser de interés industrial.
Todo ello requiere de personal cualificado, responsable de la identificación taxonómica y caracterización de compuestos de interés, y personal técnico para el mantenimiento y conservación de las cepas. Además, se requiere infraestructura física y TI para garantizar que todas estas tareas se realicen de forma segura, con calidad y con una gestión documental eficiente.
Sin estas condiciones, es difícil asegurar un mantenimiento adecuado de cepas que permitan la reproducibilidad -reproducir los mismos experimentos con los mismos organismos en diferentes laboratorios- de investigación.
El mantenimiento entraña grandes dificultades, inherentes al tamaño de los organismos a conservar. Esto no sólo dificulta su identificación, sino también su conservación, debido a la facilidad de contaminación que presentan los cultivos.
Microalgas, una jugosa promesa
Actualmente, 884 colecciones con más de 4 millones de cepas están registradas en la Federación Mundial de Colecciones de Cultivos de Microorganismos (VFCC-MIRCEN VDCM). Entre ellas se encuentran microalgas, como las que se encuentran en la Colección Vasca de Cultivos de Microalgas (BMCC).
Su importancia ha crecido significativamente gracias a los avances biotecnológicos de los últimos años. Están presentes en nuestra vida diaria: en la alimentación humana y animal, en la cosmética, en nuevos materiales biodegradables y en aplicaciones biomédicas.
Por su interés económico y medioambiental, estas organizaciones se integran en las políticas a través de documentos como el Pacto Verde Europeo o la Estrategia Farm to Villa. La UE los considera parte de la solución a la crisis medioambiental, energética y alimentaria del planeta.
Pilares de la ciencia aplicada
Sin embargo, todo el futuro prometedor que representan las microalgas y otros microorganismos sólo podrá existir si las colecciones de cultivos pueden cumplir sus funciones, y hoy en día esto no es una tarea fácil.
A veces estas colecciones dependen de pequeños grupos de investigación que carecen de financiación estable para las exigentes tareas de aislar y mantener organismos, y la falta de compromiso institucional pone en riesgo su continuidad.
Su mantenimiento suele considerarse ciencia básica, y los recursos que se le dedican suelen ser mucho menores que los que recibe la ciencia aplicada. Sin embargo, es fácil entender que la ciencia aplicada a estos microorganismos no puede prescindir del trabajo de las colecciones.
Hoy en estas colecciones tenemos un patrimonio de inestimable valor y en ellas se puede encontrar la clave para afrontar muchos desafíos presentes y futuros.
Para protegerlo es necesario un firme compromiso institucional que asegure no sólo su preservación, sino también su desarrollo, sin depender de financiación ocasional o inestable. De lo contrario, quienes toman las decisiones hoy podrían ser responsables de la "quema" de estas Bibliotecas esenciales de Alejandría en el siglo XXI.
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