Una noche, Thomas se dio cuenta de que algo andaba mal. Salió innumerables veces con sus amigos a caminar por las calles de las afueras de la ciudad, una ciudad demasiado pequeña para que sus voces felices pasaran desapercibidas en el silencio de la noche.
En esas calles no habĆa farolas: sólo estaban iluminadas por la luz de la luna. Hasta entonces, no fue un problema para Ć©l. Pero de repente se dio cuenta de que no podĆa distinguir bien los bordes del camino. Se quedó de pie, vacilando y tratando de encontrar puntos de referencia, pero estaban borrosos en las esquinas de su visión. Sin que Ć©l lo supiera, Thomas acababa de descubrir los primeros sĆntomas de la retinitis pigmentosa: la pĆ©rdida de visión en condiciones de poca luz, tambiĆ©n llamada ceguera nocturna.
Una de cada 4.000 personas en todo el mundo padece retinitis pigmentosa. Y si sumamos otras enfermedades genéticas raras que afectan a la visión, la prevalencia puede llegar hasta 1 de cada 2.000 personas.
Cómo vemos los colores y las luces.
La retina es el tejido neurosensorial que recubre la parte posterior de nuestro ojo. Surge durante el desarrollo como una protuberancia del sistema nervioso central, que se abre en forma de copa hacia el exterior para diferenciarse en diferentes capas neuronales perfectamente dispuestas y conectadas entre sĆ.
La capa neuronal de la retina que estĆ” mĆ”s alejada de la entrada de luz es la capa de cĆ©lulas fotorreceptoras, conos y bastones, que pueden excitarse por el impacto de un solo fotón. Estas cĆ©lulas son las encargadas de recibir el estĆmulo luminoso y convertirlo en estĆmulo quĆmico, primero, y luego en estĆmulo elĆ©ctrico.
En total, la retina humana tiene unos 120 millones de bastones y unos 7 millones de conos.
Los bastones son cĆ©lulas fotorreceptoras responsables de la visión con poca luz, ya que son estimuladas por fotones (partĆculas) de luz de baja intensidad. EspecĆficamente, estos fotones excitan la rodopsina, una molĆ©cula sensible a la luz.
Los bastones no pueden percibir el color: sólo ven blanco y negro. Todo lo contrario que los conos, que expresan receptores que responden a fotones de alta intensidad. Esto los hace responsables de la visión del color.

Una imagen representativa de la retina humana, que cubre la parte posterior del ojo. Se observa la distribución de neuronas dispuestas en capas. La capa mÔs externa corresponde a las células fotorreceptoras, bastones (azul) y conos (rojo), que estÔn en contacto con la capa de epitelio pigmentario de la retina. Sakurra/Shutterstock Distribución desigual
Los bastones se distribuyen por toda la retina, mientras que los conos se acumulan principalmente en la mÔcula, en la parte central de la retina (fóvea). Esta alta densidad de conos asegura una agudeza visual, es decir, una extrema sensibilidad al contraste.
Por la noche, con poca luz, sólo se pueden activar los bastones. Por eso cuando oscurece vemos en blanco y negro y no podemos leer, aunque tengamos buena visión periférica.
Pero si encendemos una linterna en medio de la oscuridad, con un haz de luz intenso, o nos ponemos bajo una farola, los fotones de alta intensidad activan los conos. Y empezamos a percibir colores y detalles como a plena luz del dĆa.
Es el cerebro el que interpreta lo que vemos.
En la retinitis pigmentosa, debido a mutaciones en genes importantes para el funcionamiento de los bastones, estas cƩlulas cambian, dejan de funcionar y eventualmente "se suicidan": esto es lo que se conoce como muerte celular programada. Como consecuencia se inicia la pƩrdida de bastones, que progresivamente avanza desde el exterior hacia el interior.
En la retina de Thomas, el personaje principal de nuestra historia inicial, la enfermedad avanzó sin su conocimiento hasta cruzar el umbral donde la pĆ©rdida de la varilla ya afectaba la percepción visual. La visión nocturna se vio afectada. Y empezó a experimentar lo que se conoce como visión de tĆŗnel: tenĆa dificultades para localizar los objetos circundantes, pero aĆŗn podĆa leer y percibir detalles porque los conos de la mĆ”cula aĆŗn estaban funcionales.
A largo plazo, la progresión de la enfermedad acaba afectando también a los conos, provocando ceguera total.
Los primeros sĆntomas aparecen al final de la adolescencia.
Los pacientes con retinitis pigmentosa suelen comenzar a notar sĆntomas al final de la adolescencia o en la edad adulta. Pero cuando hay mutaciones que afectan a los genes estructurales de los fotorreceptores o durante el desarrollo, la enfermedad puede aparecer en la infancia, como ocurre en la amaurosis congĆ©nita de Leber. Otra enfermedad congĆ©nita, la acromatopsia, se caracteriza por el hecho de que quienes la padecen sólo ven blanco y negro. El mundo se percibe en tonos grises, literalmente.
En otras patologĆas retinianas raras, como la enfermedad de Stargardt, las mutaciones afectan a genes relevantes para los conos o la mĆ”cula, que mueren primero. Esto permite a los pacientes ver con poca luz, pero aĆŗn no pueden leer los detalles de un rostro humano.
En busca de tratamientos
Actualmente, no existen tratamientos aprobados que detengan por completo la degeneración de la retinitis.
Para el diseƱo y aplicación de terapias avanzadas especĆficas es necesario realizar investigaciones bĆ”sicas sobre los procesos genĆ©ticos, bioquĆmicos y celulares que cambian cuando se producen mutaciones en genes de la retina.
AquĆ es donde entra en juego la biotecnologĆa, que nos permite analizar modelos de enfermedades, ya sea generando avatares de ratones (con la enfermedad) o utilizando organoides de retina humana, que son lo mĆ”s parecido a una retina humana, pero en una placa de Petri.
A partir de ahĆ, podremos desarrollar tratamientos de medicina de precisión dirigidos a enfermedades causadas por genes o mutaciones especĆficas, como Lukturna, para las mutaciones del gen RPE65. Pero tambiĆ©n las terapias cuyo objetivo es la supervivencia de los fotorreceptores, sin centrarse en un gen o una mutación especĆficos: son las llamadas terapias "agnósticas".
Dos formas de tratar y, tal vez, incluso curar a Thomas y otros pacientes que, como Ʃl, padecen raras enfermedades hereditarias de la retina.
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