Las transformaciones que han tenido lugar desde el fin de la Guerra FrĆa han aumentado la polarización polĆtica en muchas partes del mundo a niveles nunca antes vistos. Se reconcilian diferencias y conflictos, creando tambiĆ©n una intensa reacción emocional: negativa hacia "los demĆ”s", pero positiva y acrĆtica hacia "los nuestros". De esta manera se construye la dinĆ”mica pueblo-antipueblo.
Combinada con la desinformación, la verdad tambiĆ©n polariza: hay una para cada ideologĆa o clase social. Por tanto, resulta difĆcil construir significados compartidos.
La polarización afecta la esfera polĆtica y social, afecta la confianza en las instituciones y condiciona la percepción de la ciencia.
En el siglo XXI, las crisis ocurren. La combinación de polarización con malestar inducido por la crisis produce una tendencia mundial a desconfiar de las personas que piensan diferente, creen en valores diferentes, enfrentan los problemas de manera diferente o tienen una forma de vida o nivel cultural diferente al nuestro. Esto contribuye a confiar mÔs en las recomendaciones de personas cercanas que en las recomendaciones de expertos.
La información se valora por su utilidad de identidad.
La desinformación es un elemento central a la hora de construir nuevos contextos en los que se inserte la percepción social de la ciencia. No se reduce solo a la difusión de contenidos falsos, sino que también establece un ecosistema donde la información verificada compite con engaños, interpretaciones interesadas y mensajes destinados a desencadenar emociones.
La información deja de ser valorada por su veracidad y comienza a consumirse en función de su identidad y utilidad emocional. Esto es lo que conocemos como razonamiento motivado, entendido como la tendencia a aceptar y compartir información que confirma las propias creencias y dudas sobre información que las contradice.
Como señaló Harry Frankfurt en su libro On Bullshit: The Manipulation of Truth, cuando la gente miente, cree en la verdad y, porque les importa, hacen todo lo posible por ocultarla. En el contexto de la desinformación, la verdad deja de ser importante y se distorsiona para lograr un objetivo o, simplemente, para controlar la narrativa.
Ćste es el terreno fĆ©rtil a partir del cual se desarrolla una conspiración. Ofrece narrativas simples, cohesivas y crĆticas, capaces de determinar la incertidumbre atribuyendo causalidad al funcionamiento oculto de Ć©lites, gobiernos o intereses privados.
La pandemia de la covid-19 ha intensificado enormemente la interacción de estos elementos en su relación con el conocimiento cientĆfico. El miedo social, la incertidumbre en las decisiones y el conocimiento limitado coincidieron con la circulación masiva de bulos sobre el origen del virus, las medidas sanitarias y las vacunas. Como resultado, se ha puesto en duda la credibilidad de la información y la legitimidad de las instituciones cientĆficas, sanitarias y polĆticas.
Esta sospecha hacia la ciencia y las instituciones adquiere una expresión polĆtica y identitaria, lo que lleva a lo que conocemos como populismo cientĆfico: la idea de que la gente comĆŗn y corriente es una fuente legĆtima, o incluso superior, de conocimiento frente a las elites acadĆ©micas corruptas que son percibidas como agentes con su propia agenda que proclaman la verdad desde sus torres de marfil. Esta revolución del sentido comĆŗn implica un desafĆo a la hegemonĆa cultural de los expertos en el que se cuestiona el privilegio de decidir quĆ© cuenta como verdad.
Percepción social de la ciencia.
Teniendo en cuenta este contexto, preguntamos a la población su opinión sobre diversos aspectos de la percepción social de la ciencia en el marco del proyecto PICA-CI y analizamos algunas de estas tendencias para comprender mejor la situación en la que nos encontramos. Estas son algunas de las conclusiones:
Explicamos bien la conspiración con cuatro variables: ideologĆa (la mĆ”s importante), exposición a noticias positivas sobre la ciencia, exposición a noticias negativas sobre la ciencia y actitud conspirativa hacia ella. Cuanto mĆ”s conservadoras son las personas, mĆ”s expuestas a noticias negativas y a actitudes mĆ”s conspirativas hacia la ciencia.
Una actitud conspirativa hacia la ciencia no es realmente una actitud hacia la ciencia, sino un componente de una conspiración. Es decir, la ciencia se ha convertido en una institución mÔs de la que desconfiar para quienes piensan de forma conspirativa.
Las personas mÔs conservadoras tienen menos fe en el gobierno, la democracia y la justicia. Este resultado puede interpretarse como un efecto de polarización. Tenemos que ver qué pasa con el gobierno conservador.
La ideologĆa tiene un doble efecto sobre la imagen de la ciencia, que va en dirección opuesta. Afecta negativamente a travĆ©s de la conspiración. Pero tiene un impacto positivo directo: las personas mĆ”s conservadoras tienen una actitud mĆ”s positiva hacia la ciencia y un mejor conocimiento de la ciencia, aunque su actitud hacia la ciencia es mĆ”s idealizada y acrĆtica.
Cuanto mƔs piensas de manera conspirativa, menos sabes sobre ciencia.
Las personas muestran una imagen positiva de sà mismas, pero muestran una peor imagen de los demÔs; Por ejemplo, estÔn de acuerdo con la frase "la gente se molesta por cualquier cosa". Esto es lo que llamamos clima social.
Al intentar medir una actitud negativa hacia la ciencia, la idea de que Ʃsta es manipulada ("La ciencia estƔ al servicio del poder") tuvo mƔs peso que una actitud puramente negativa ("La ciencia no se preocupa por las necesidades de las personas").
Las personas mÔs interesadas y las que mÔs saben tienen una actitud mÔs positiva hacia la ciencia. Por otro lado, la conspiración disminuye esa actitud positiva.
La confianza en las instituciones contribuye a una actitud idealizada hacia la ciencia. La conspiración, sin embargo, tiene el efecto contrario, pero afecta menos a esta actitud que la positiva. Esto sugiere que las formas extremas de pensar se manifiestan en última instancia porque la imagen idealizada y poco realista de la ciencia también es negativa.
Es común encontrar un gran interés por la ciencia entre la población. Nuestros resultados coinciden, pero al mismo tiempo, muestran menos interés en aprender o invertir tiempo y esfuerzo en mejorar su comprensión de la ciencia.
Los resultados muestran que la realidad no es blanca o negra. TambiĆ©n muestran que el panorama de la ciencia es muy complejo. En este escenario, reconstruir la confianza en la ciencia requiere mĆ”s que luchar contra el fraude: implica crear espacios comunes, fortalecer la educación crĆtica y reducir la polarización.
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