Robó el maíz. para robarlo
Tlacuache lo pintó de colores
día y noche.
Así confundió a Madame Lumbre,
y así el clima empezó a tener
medida: las noches continuarían
días y días y noches.
"El camorrista, el ladrón de fuego" (Tecolote, 2017)
En un país como México, que cuenta con 68 lenguas nativas y una herencia cultural milenaria, uno esperaría que las bibliotecas infantiles estuvieran repletas de historias sobre el origen del maíz, o referencias al comportamiento mítico de jaguares y zarigüeyas (zarigüeyas) en las leyendas mayas, náhuatl o zapotecas.
Sin embargo, la realidad es otra: a pesar del auge de las narrativas indígenas y del deseo de preservar lenguas en riesgo de extinción, los textos de literatura infantil y juvenil que abordan estos temas enfrentan obstáculos invisibles pero sólidos. La falta de atención no es casualidad: es el resultado de décadas de discriminación y de políticas que priorizaron el español y su cultura por encima de las lenguas indígenas, tanto en el ámbito educativo como en otros contextos vitales.
También hay que tener en cuenta el contexto social del mercado editorial mexicano: en 2020, sólo el 6% de la población habla una lengua indígena, y la mayoría de ellas no son utilizadas por jóvenes, sino por personas mayores. Por esta razón, los textos de literatura infantil y juvenil con temática de estas comunidades suelen publicarse en español o en formato bilingüe (español-lengua materna).
Mercado bajo la protección del estado.
Una encuesta publicada recientemente que analizó los catálogos de 90 editoriales mexicanas reveló un dato preocupante: sólo el 56% de los sellos publican textos literarios para jóvenes que retratan las historias, costumbres, costumbres, leyendas y tradiciones de los nativos.
Esta presencia es frágil, porque la mayoría de estos títulos no nacen de una iniciativa privada, sino del impulso de programas gubernamentales impulsados por la Secretaría de Educación Pública (SEP) o el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI), entre otros.
Bajo protección pública aparecieron colecciones como la enciclopedia infantil Kolibri en la que compiladores, escritores e ilustradores aportaban relatos de las tradiciones indígenas.
Un número importante de cuentos identificados se publican en idioma bilingüe español/nativo. Autores como Natalia Toledo o Miguel Kocomo se dedican a publicaciones bilingües, que permiten a los jóvenes de las comunidades reconocerse en su propia lengua y costumbres, y a los hispanohablantes descubrir la riqueza de su país.
El proyecto Sixty-Eight Voices, Sixty-Eight Hearts va un paso más allá, transformando las historias originales en piezas animadas contadas en sus idiomas originales.
Lecturas requeridas
Es evidente que las iniciativas financiadas por instituciones públicas y con apoyo presupuestario fueron fundamentales para acercar esta realidad a los jóvenes. Se trata de títulos que también se incluyen en las listas de lectura obligatoria en las escuelas mexicanas a través de las colecciones "Libros del Rincón".
A diferencia de los grandes grupos editoriales, que apenas cuentan con colecciones dedicadas a visibilizar a los pueblos indígenas, ha surgido un movimiento impulsado por sellos y asociaciones independientes como Gusanos de la memoria o Chuen México, XospaTronic o Taller Lenateros.
La renovación temática en las editoriales independientes iberoamericanas incluye, como señalan varios estudios, textos que muestran una realidad más territorial y diversa. Esto permite que las minorías y los grupos históricamente marginados ganen voz. Una apuesta que todavía se produce en el mercado mexicano a través de editoriales como Tecolote, Ideazapato o El Naranjo. Pese a todo, el esfuerzo sigue siendo insuficiente para equilibrar la balanza.
¿Qué historias se cuentan?
El análisis de los catálogos editoriales revela que los textos que abordan la realidad de los pueblos indígenas se agrupan preferentemente en dos tipos de narrativas:
Cuentos de tradición oral. Estos son los textos que están más representados en las estanterías de las bibliotecas. Se trata de recopilaciones de mitos, leyendas y canciones que intentan preservar la cosmogonía de comunidades como la náhuatl, la maya o la zapoteca.
Cuentos literarios. Se trata de historias de autor que, aunque inspiradas en la tradición, proponen nuevas tramas para los jóvenes lectores de hoy.
Sin embargo, llama la atención que los catálogos editoriales apenas contengan álbumes ilustrados que aborden las realidades de los pueblos indígenas. Mientras que en Europa o Estados Unidos es común que los autores "jueguen" con cuentos clásicos y los reinventen, en México la literatura indígena todavía es tratada con una reverencia casi sagrada.
Esta carencia es aún más significativa, dado que Iberoamérica vive desde hace años un auge del formato álbum en sellos como Fondo de Cultura Económica (FCE), Caiuco, ediciones Claraboia o Ekare, entre otros. Es un medio que da gran libertad para recrear ficciones de una misma realidad.
Hacia una narrativa de encuentro y diversidad
Para que un joven de cualquier ciudad no vea como algo extraño una leyenda mixta o una canción en tseltal, se necesita algo más que buenas intenciones por parte del gobierno.
Cerrar esta brecha requiere un mercado editorial que entienda que la diversidad no es un nicho, sino la esencia misma de la identidad mexicana. No basta con publicar cuentos indígenas. A los propios autores indígenas se les debe permitir hablar, reinterpretar y reexaminar su pasado y reimaginar su futuro.
Sólo así la literatura infantil y juvenil en México surgirá con voz propia, indígena, arraigada en su diversidad y diferenciada de la de otros territorios. Publicaciones que aprecian su riqueza cultural, que miran al pasado, pero con la mirada puesta en el futuro.
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