En las últimas elecciones autonómicas de Aragón, la extrema derecha duplicó su representación. No fue un salto aislado: se da en distintos territorios de España y Europa. El crecimiento se explica no sólo por la ira o la protesta, sino también por cuestiones culturales o de identidad.
Para entender esto, vale la pena mirar algo menos obvio.
A primera vista, el marxismo y la extrema derecha parecen opuestos irreconciliables, en objetivos, valores y horizonte polĆtico. Se nació como un proyecto emancipador; el otro sugiere orden, cierre y jerarquĆa. Pero si observamos cómo analizan el malestar social, surgen sorprendentes similitudes. No hablamos de equivalencia ideológica, sino de similitudes en la forma de leer la realidad.
Algunos grupos de extrema derecha –como Vok en EspaƱa– utilizan herramientas analĆticas que recuerdan a las desarrolladas por Karl Marx, aunque las rechazan explĆcitamente. No citan a Marx ni se reconocen en su tradición, pero comparten ciertos mecanismos de interpretación del conflicto social.
Aquà estÔn los diez partidos:
1. Ven el malestar como algo estructural
No lo reducen a decisiones individuales. Si los salarios son insuficientes, si los alquileres aumentan, si el empleo es inestable, la explicación no es simplemente "falta de esfuerzo": hay un sistema que produce ganadores y perdedores. Ambos enfoques parten de la idea de que el problema no es sólo personal.
2. Ponen el conflicto en el centro
Para ambos, la sociedad no es un espacio neutral donde todos ganan. EstƔ atravesado por tensiones. Hay intereses en competencia, grupos que se benefician y otros que soportan los costos. Este punto de vista conflictivo es mƔs claro y movilizador que los discursos que hablan de un consenso permanente.
3. Construyen un claro antagonismo
Mientras el marxismo hablaba de capital y trabajo, la extrema derecha habla de personas y élites, nación y globalismo, ciudadanos y burócratas. Aunque los términos cambian, la lógica del enfrentamiento se mantiene. El mapa social estÔ organizado en bloques reconocibles.
4. SeƱalan a los responsables
No hablan de "procesos abstractos" ni de fuerzas impersonales: identifican actores. Algunos apuntaban a la burguesĆa y otros a las Ć©lites polĆticas, culturales o económicas. Esta personalización del conflicto facilita la comprensión y la movilización.
5. Reconocen la dimensión material
DetrÔs de los debates culturales hay facturas, hipotecas y contratos temporales. La debilidad económica pesa mucho. Cuando una familia lucha para llegar a fin de mes, la discusión sobre modelos abstractos pierde fuerza. Ambos enfoques reconocen que la vida cotidiana es importante.
6. Crean el "nosotros"
Proletariado en el marxismo; un pueblo o nación de extrema derecha. En ambos casos se construye un sujeto colectivo que se siente herido. Nos da a "nosotros" identidad y pertenencia en un contexto de incertidumbre.
7. Simplifican el mapa social
Reducen la complejidad, se dividen en bloques. En polĆtica, la claridad compite con la precisión. Una narrativa demasiado matizada puede ser intelectualmente sólida pero menos efectiva. Tanto el marxismo clĆ”sico como la extrema derecha pudieron ofrecer explicaciones fĆ”ciles de entender.
8. Usan quejas
Explotación, en un caso, y humillación o pĆ©rdida de estatus, en el otro: el sentimiento de injusticia actĆŗa como motor polĆtico. Cuando alguien siente que ha perdido algo -un trabajo, un reconocimiento, una estabilidad- busca una explicación que dĆ© sentido a la experiencia.
9. Ofrecen explicaciones globales
No se limitan a propuestas técnicas. Presentan la historia amplia de cómo funciona el sistema y quién se beneficia de él. En tiempos de incertidumbre, las explicaciones globales crean certeza cognitiva.
10. Transforman el diagnóstico en acción
No quedan en el anÔlisis. Se organizan, se movilizan, convierten los inconvenientes en votación. La historia no es sólo interpretativa; EstÔ operativo. Sirve para ganar elecciones o para construir un movimiento.
La diferencia decisiva
AhĆ termina la coincidencia.
El marxismo clÔsico buscó transformar el sistema en clave emancipadora, eliminando desigualdades estructurales, mientras que la extrema derecha actual utiliza diagnósticos estructurales para prometer orden, protección o estabilidad dentro del mismo sistema o redefinirlo en términos excluyentes.
Parte del éxito de la extrema derecha no se debe sólo a la polarización o al escÔndalo mediÔtico, sino también a que ofrece interpretaciones simples y reconocibles del malestar cotidiano: salarios que no aumentan, ciudades que pierden servicios, jóvenes que sienten que vivirÔn peor que sus padres, trabajadores que ven que el esfuerzo ya no garantiza la estabilidad.
Mientras otros discursos se vuelven mÔs técnicos o abstractos, la extrema derecha habla de experiencias concretas. Eso no lo convierte en equivalente al marxismo, pero sà explica por qué resuena su mensaje.
La pregunta, por tanto, no es sólo por quĆ© estĆ” creciendo la extrema derecha. Ćsa es la segunda, mĆ”s incómoda: ¿quiĆ©n interpreta mejor lo que la gente siente que le sucede?
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