Marte ha despertado la curiosidad humana durante siglos. Esa fascinación creció cuando descubrimos que era un mundo que tenĆa cierto parecido con el nuestro. Desde la dĆ©cada de 1960 lo exploramos utilizando sondas y robots automatizados; Ya hemos cartografiado su superficie y analizado su atmósfera. Y ahora las principales agencias espaciales se preparan para dar el siguiente gran paso: enviar misiones tripuladas al planeta rojo.
Sin embargo, Marte es extremadamente hostil. Las temperaturas medias rondan los -60 °C, la atmósfera es irrespirable (muy rara y estĆ” compuesta principalmente de dióxido de carbono), la radiación es intensa y casi no hay agua lĆquida. No es un paraĆso esperando a ser habitado. Si se decide enviar astronautas, habrĆ” que evaluar los costos y beneficios de este esfuerzo. Y tendremos que considerar seriamente si vale la pena correr ese riesgo.
La producción de alimentos y oxĆgeno en el propio planeta mejorarĆa significativamente la vida y la autonomĆa de las tripulaciones. Las plantas pueden hacer ambas cosas, por lo que varias lĆneas de investigación se centran en desarrollar sistemas agrĆcolas adaptados a Marte. Si lo logramos, tendrĆamos alimentos, oxĆgeno, compuestos Ćŗtiles (incluso medicamentos) y beneficios psicológicos para quienes pasarĆan meses lejos de la Tierra. La idea es simple; ponerlo en prĆ”ctica, no tanto.
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El problema del perclorato
Las novelas y las pelĆculas imaginan la agricultura en Marte como algo trivial: lo Ćŗnico que hay que hacer es mezclar suelo marciano con materia orgĆ”nica -no entraremos en detalles- y plantar las verduras que queramos en ese sustrato. La realidad es mĆ”s complicada. El suelo de la Tierra es, a escala global, quĆmicamente hostil tanto para las plantas como para los humanos.
Varias misiones espaciales, desde Viking hasta Phoenix, Curiosity y Perseverance, han detectado percloratos en gran parte del regolito, el material que recubre el sustrato sólido de planetas, satélites y asteroides.
Los percloratos son sales incoloras y muy solubles en agua cuya presencia parece ser global y su dispersión se ve favorecida por las enormes tormentas de polvo en Marte. Y tienen diferentes efectos: interfieren con la germinación, cambian el metabolismo de las plantas y pueden afectar gravemente a la salud humana.
En experimentos con suelos simulados que contenĆan perclorato, muchas plantas ni siquiera brotaron. Eliminar estas sales serĆa posible, pero costoso: probablemente requerirĆa agua, tratamientos quĆmicos o microorganismos, recursos limitados en otro planeta. Sin embargo, la geologĆa de Marte podrĆa ser nuestro as en la manga y ofrecer una alternativa inesperada.
Campo de dunas misterioso
La superficie de Marte es rica en sulfatos, especialmente yeso (sulfato de calcio dihidrato), identificados por sondas orbitales y rovers, vehĆculos robóticos diseƱados para la exploración espacial.
El mayor afloramiento de yeso de Marte, las dunas de Olympia Undae, se encuentran cerca del Polo Norte. Es posible que los vientos polares lo hayan mantenido relativamente aislado del transporte global de polvo. Las cimas de estas dunas tienen un alto contenido en yeso, probablemente porque el viento selecciona los granos en función de su tamaƱo y densidad. Esto plantea la posibilidad de que localmente pueda haber Ć”reas de suelo con yeso y pocos o ningĆŗn rastro de perclorato. Si se confirma, estos materiales podrĆan proporcionar un sustrato mĆ”s seguro para las pruebas de cultivos. Pero surge la pregunta: ¿quĆ© tienen que ver las plantas con el yeso?
Plantas especializadas para la supervivencia.
Hay especies en la Tierra que no sólo toleran estos suelos, sino que dependen de ellos. Son plantas gipsófilas, adaptadas a suelos ricos en sulfato cÔlcico, pobres en nutrientes y con escasez de agua.
Para sobrevivir, almacenan iones tóxicos en compartimentos celulares, optimizan el uso del agua y resisten altas concentraciones de sal y estrés térmico. Algunos incluso utilizan el agua contenida en los cristales de yeso. En cierto modo, estÔn preadaptados a tierra como los marcianos, pero no a climas extremos.
Su historia evolutiva pudo haber representado una especie de "entrenamiento" que los preparó para sobrevivir en otro planeta; Se pueden cultivar con éxito en un invernadero con temperatura y atmósfera controladas.
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Gipsófilos intrépidos
La flora de yeso es de gran interĆ©s ecológico y evolutivo. Entre estas plantas destaca Gipsophila struthium, la autĆ©ntica campeona del yeso de la PenĆnsula IbĆ©rica. Tolera sequĆas prolongadas, germina rĆ”pidamente en humedad y coloniza suelos desnudos con facilidad. AdemĆ”s, sus semillas mantienen su viabilidad el tiempo suficiente para resistir un viaje a Marte. Otra planta interesante es la Ononis tridentata, una leguminosa que es capaz de fijar nitrógeno atmosfĆ©rico gracias a una simbiosis con bacterias, lo que podrĆa enriquecer nuestro sustrato.

EspƩcimen de flor de Gypsophila struthium. Wikimedia Commons, CC BI
Estas plantas no serĆan cultivos alimentarios directos, pero producen algunas sustancias de importancia farmacológica como las saponinas y los flavonoides. AdemĆ”s, podrĆan actuar como pioneros y allanar el camino para las especies comestibles. Sus adaptaciones podrĆan transferirse a los cultivos mediante herramientas de edición genĆ©tica como CRISPR, incluida la tolerancia a la sal o una mayor eficiencia hĆdrica en tomates, cereales u hortalizas.
¿Un jardĆn en el planeta rojo?
AĆŗn no se sabe quĆ© tan factible es cultivar plantas en Marte. SerĆ” necesario analizar muestras reales de yeso marciano para confirmar la ausencia de perclorato y comprender sus propiedades fĆsicas y quĆmicas. TambiĆ©n serĆ” necesario estudiar cómo la menor gravedad y la radiación afectan la germinación, el crecimiento y la floración.
En un estudio reciente publicado en Life Sciences in Space Research proponemos esta estrategia: evaluar los depósitos de yeso en Marte como sustrato y utilizar plantas gipsófilas terrestres como modelo para diseƱar sistemas agrĆcolas adaptados al planeta rojo. AdemĆ”s, creemos que lograr un sistema agrĆcola en Marte deberĆa ser el primer paso hacia la exploración humana. Esto reducirĆa los riesgos y mejorarĆa la calidad de vida de los primeros exploradores de ese planeta.
Puede que los primeros terrĆcolas en Marte no seamos nosotros, sino estas intrĆ©pidas plantas que sobreviven donde casi nada mĆ”s puede hacerlo.
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