El Mar Mediterráneo es el hogar de algunos de los animales más grandes del océano. Entre las nueve especies de ballenas que se encuentran comúnmente en sus costas occidentales se encuentran el rorcual común (Balaenoptera phisalus, el segundo animal marino más grande del mundo) y el cachalote (Phiseter macrocephalus). Estas especies pueden alcanzar longitudes de hasta 23 y 18 metros, respectivamente, y sus poblaciones están genéticamente aisladas de sus homólogas atlánticas.
Pero a pesar de su tamaño, estos enormes animales pueden ser difíciles de detectar. El cachalote, por ejemplo, vive principalmente en mar abierto, donde se alimenta de calamares y peces de aguas profundas que se encuentran a más de 1.500 metros de profundidad. Sus inmersiones suelen durar entre 30 y 60 minutos, después de lo cual sale brevemente a la superficie para respirar y descansar de cinco a quince minutos antes de comenzar otra inmersión.
Su tamaño y comportamiento ponen a estas ballenas en alto riesgo de colisión con barcos. También se ven afectados por otras actividades humanas como el tráfico marítimo, la contaminación acústica y la degradación del hábitat. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) ha clasificado a la población mediterránea de cachalotes y rorcuales comunes como amenazadas, ambas en su Lista Roja de Especies Amenazadas.
Para proteger a estas ballenas, los científicos se esfuerzan por comprender mejor su ecología y comportamiento para poder desarrollar planes de conservación eficaces basados en evidencia sólida.
Estudiando ballenas en el mar
La comunidad científica utiliza diversas técnicas para estudiar y rastrear ballenas. Las encuestas visuales han sido el método más utilizado hasta la fecha. Implican la observación directa de los animales desde una plataforma, ya sea un barco o un avión, a lo largo de transectos predefinidos. Esto significa que se traza una línea recta a través del área para registrar datos como presencia, distribución, números, etapa de desarrollo (ternero, juvenil o adulto) y comportamiento.
Las grabaciones acústicas también nos permiten detectar vocalizaciones producidas por las ballenas. Esto se hace mediante hidrófonos, instrumentos que funcionan de forma similar a los micrófonos aéreos. Graban sonidos submarinos que luego pueden analizarse mediante un software especializado. Las grabaciones pueden utilizarse para identificar especies y, en algunos casos, incluso animales individuales.
Marcar ballenas con dispositivos electrónicos es muy eficaz para el seguimiento individual. Esta técnica utiliza sensores para rastrear los movimientos de los animales y registrar variables ambientales. La información obtenida es crucial para comprender sus áreas de distribución, patrones de comportamiento y uso de hábitat, fundamentales para diseñar estrategias de conservación más precisas.
Además, cuando las ballenas mueren, suelen aparecer en costas cercanas, y estos acontecimientos también proporcionan información valiosa. Entre otras cosas, los animales de la playa pueden proporcionar muestras genéticas y parasitológicas, así como datos sobre patrones de alimentación. Esto permite evaluar el estado de las poblaciones, sus interacciones ecológicas, amenazas, orígenes y estructura genética.
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ADN ambiental: una herramienta de investigación revolucionaria
Todos los organismos vivos están formados por una o más células que contienen ADN, la molécula que almacena la información genética responsable de la identidad de las especies.
Estas células se liberan continuamente al entorno natural mediante procesos como la muda de la piel, la defecación o la liberación de gametos. Aunque invisibles para el ojo humano, estas partículas están ampliamente distribuidas en el suelo, el agua, el aire o incluso la nieve. En el caso de animales marinos como el rorcual común y el cachalote, el ADN se libera en el agua cuando, por ejemplo, mudan partes de su piel o defecan.
Esto significa que cuando una ballena pasa por una zona, los restos celulares que deja sirven como señal inequívoca de su presencia. Una simple muestra de agua puede contener fragmentos de ADN ambiental que pueden extraerse, secuenciarse y analizarse.
Desde principios del siglo XXI, una técnica conocida como metabarcodificación ha permitido aislar y amplificar ADN de múltiples especies presentes en una única muestra ambiental. Mediante análisis informático, las secuencias obtenidas pueden identificarse a nivel de especie o dentro de grupos taxonómicos específicos, lo que permite determinar qué organismos estuvieron presentes en el área de muestreo durante un período determinado antes de la toma de la muestra.
Esto significa que, cuando se analiza adecuadamente, una sola muestra de agua puede revelar la presencia no sólo de ballenas como los cachalotes o los rorcuales comunes, sino también de otros vertebrados marinos.
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Utilizando ADN ambiental para estudiar cetáceos
Desde 2023, la Unidad de Zoología Marina de la Universitat de València recoge sistemáticamente muestras de agua del litoral de la Comunidad Valenciana para análisis de ADN ambiental. Los resultados son significativos, ya que nos permitieron descubrir material genético de hasta cinco especies de ballenas -incluidos rorcuales y cachalotes-, así como de varias especies de peces, tiburones, rayas y tortugas marinas.
Estas observaciones permiten identificar áreas visitadas por animales y analizar sus patrones espaciales y estacionales. Esta información, a su vez, se puede compartir con organizaciones gubernamentales para ayudar a diseñar reservas de protección marina o implementar medidas de conservación específicas.
Además, podemos utilizar embarcaciones que ya navegan regularmente por el Mediterráneo (como ferries, buques de investigación y barcos de pesca) para recolectar muestras de agua. Proyectos dedicados al estudio de cetáceos y otros vertebrados marinos, como LIFE CONCEPTU MARIS en el Mediterráneo occidental, utilizan buques comerciales tanto para las observaciones a bordo como para la recogida sistemática de muestras para análisis de ADN ambiental.
Este enfoque ayuda a reducir costos, minimizar el impacto del muestreo en el medio ambiente y promueve un enfoque científico más abierto y colaborativo que sea accesible al público.

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