Muchos estadounidenses manifiestan su frustración con el sistema bipartidista, en el que los candidatos demócratas y republicanos son vistos como las únicas opciones viables para cargos electos.
Pero una tendencia alarmante en muchas elecciones legislativas estatales baja aún mÔs el listón, hasta algo mÔs parecido a un sistema de partido único. En docenas de estados, un número creciente de escaños legislativos estatales siguen sin ser disputados por uno de los dos partidos principales.
Las legislaturas estatales desempeƱan un papel clave en la gobernanza estadounidense. A medida que el estancamiento en el Congreso se ha intensificado en las Ćŗltimas dĆ©cadas, los gobiernos estatales han reducido cada vez mĆ”s el estancamiento polĆtico.
Sin embargo, en muchos estados la competencia por quiƩn estarƔ en estas legislaturas ha empeorado significativamente.
El resultado es una verdadera crisis de representación polĆtica, innovación polĆtica y reclutamiento de candidatos.
El alcance del problema.
En muchos casos, uno de los dos Ćŗnicos partidos viables no puede presentar suficientes candidatos para que la legislatura estatal plantee un desafĆo creĆble al otro partido, mĆ”s dominante.
Si bien los escaƱos en el Congreso sin oposición siguen siendo relativamente raros (aproximadamente entre el 3% y el 4% de los distritos de la CĆ”mara de Representantes de Estados Unidos no fueron disputados en ciclos recientes), el fenómeno se ha vuelto endĆ©mico en las legislaturas estatales. En ciclos electorales recientes, entre el 30% y el 50% de las legislaturas estatales en las cĆ”maras bajas de todo el paĆs no han sido disputadas por uno de los dos partidos principales.
Aún mÔs sorprendente es la falta de competencia en los estados individuales, algunos de los cuales ven mucha menos competencia que otros. Algunos estados, como Michigan y Minnesota, presentan regularmente candidatos de ambos partidos en casi todas sus elecciones legislativas estatales.
Massachusetts es una historia diferente: en su cÔmara legislativa inferior, mÔs de la mitad de las contiendas han quedado sin oposición de uno de los dos partidos principales en cada elección desde al menos 2010. En las elecciones de 2024, cuatro de cada cinco escaños siguen sin oposición en las contiendas por la CÔmara de Representantes de Massachusetts. En Mississippi, de los 174 escaños de la legislatura estatal, sólo 25 de ellos (14%) tuvieron contiendas bipartidistas reales.
En la prĆ”ctica, esto significa que para muchas legislaturas estatales en cada ciclo electoral, el partido que controlarĆ” la mayorĆa en la próxima sesión legislativa (un prerrequisito importante para gobernar y aprobar leyes) es literalmente una conclusión inevitable. En estas cĆ”maras, uno u otro partido propuso candidatos para menos de la mitad de los escaƱos parlamentarios.
En otras palabras, es matemĆ”ticamente imposible que ese partido obtenga la mayorĆa, incluso si sus candidatos obtienen todos los escaƱos por los que compiten.
En el ciclo de 2022, por ejemplo, se garantizaron mayorĆas simples para demócratas o republicanos en 22 cĆ”maras de 16 estados. En algunos de estos casos, a un partido se le garantizó una mayorĆa a prueba de veto (lo que significa que ese partido tenĆa suficientes legisladores para anular el veto de un gobernador si fuera necesario) incluso antes de que se contara un solo voto en las elecciones.
QuƩ hay y quƩ no detrƔs de la falta de competencia
Varios factores contribuyen a la prevalencia de elecciones no disputadas, incluidos los procesos de toma de decisiones individuales de los candidatos potenciales.
Postularse para un cargo requiere importantes inversiones de tiempo y dinero, asà como importantes sacrificios de privacidad y, en muchos casos, de reputación pública y personal. Incluso muchos individuos interesados en servir deciden que el costo no vale la pena, especialmente cuando la victoria no estÔ garantizada.
La matemĆ”tica es aĆŗn mĆ”s simple en distritos fuertemente partidistas, donde el candidato presidencial del otro partido puede haber ganado por 40 o 50 puntos porcentuales en elecciones anteriores. AquĆ, incluso los candidatos bien calificados enfrentan una derrota casi segura. Es fĆ”cil ver por quĆ© los candidatos potenciales podrĆan razonablemente decidir no participar.
Las explicaciones estructurales de esta falta de competencia son mĆ”s complejas. Por ejemplo, el gerrymandering (la prĆ”ctica de trazar lĆmites distritales a favor de un partido) a menudo se cita como uno de los principales culpables.
Pero si bien la manipulación se produce y merece preocupación, la evidencia sugiere que no es el principal impulsor de los escaños no disputados. Muchos estados con comisiones independientes de redistribución de distritos, como Idaho, han experimentado altas tasas no disputadas a pesar de tener distritos competitivos. Mientras tanto, muchos estados donde las legislaturas controlan la redistribución de distritos, como Minnesota y Florida, mantienen una fuerte competencia.
El fenómeno tampoco estÔ correlacionado con si un estado es rojo, azul o en algún punto intermedio, lo que indica que el control partidista de la redistribución de distritos por sà solo no puede explicar la tendencia.
Probablemente dos factores complementarios sean mĆ”s importantes. En primer lugar, la clasificación partidista geogrĆ”fica –la concentración de personas con ideas polĆticas afines en comunidades– se ha acelerado en las Ćŗltimas tres dĆ©cadas. Los demócratas se han ido consolidando en los centros urbanos mientras han perdido terreno en las zonas rurales, particularmente en el sur y el medio oeste. Esta clasificación residencial crea distritos naturalmente no competitivos independientemente de cómo se tracen los lĆmites.
En segundo lugar, las organizaciones partidistas estatales y locales han experimentado una disminución significativa de poder e influencia, especialmente en estados donde un partido tiene una ventaja abrumadora. Históricamente, estas organizaciones han servido como redes de reclutamiento y apoyo para candidatos que desafĆan a los titulares.
Sin una fuerte infraestructura partidaria local, incluso los candidatos potenciales calificados de partidos minoritarios carecen de los recursos y el apoyo institucional necesarios para montar campaƱas viables.

En la legislatura del estado de Mississippi, cuyo interior se muestra aquĆ, de 174 escaƱos, sólo 25 de ellos (el 14%) tuvieron contiendas reales en 2024 de ambos lados. El concurso Kickstand/Getty Images Plus es fundamental para una democracia que funcione
Independientemente de las causas subyacentes, las consecuencias de las elecciones disputadas se extienden mÔs allÔ de la falta inmediata de una opción en la boleta.
Cuando un partido no enfrenta una amenaza electoral significativa, las investigaciones muestran que la innovación polĆtica y la capacidad de respuesta se ven afectadas. Los partidos dominantes carecen de incentivos para desarrollar propuestas que aborden las preocupaciones de todos los votantes o para comprometerse seriamente con las ideas de la oposición.
MÔs fundamentalmente, la prevalencia de carreras no disputadas plantea dudas sobre la legitimidad democrÔtica. Las elecciones sirven no sólo como un mecanismo para elegir a los titulares de cargos, sino también como una oportunidad para que los ciudadanos evalúen la gobernanza y exijan que los funcionarios rindan cuentas. Cuando los votantes no tienen otra opción (cuando un candidato gana por defecto y no por persuasión), los requisitos bÔsicos de la representación democrÔtica siguen sin cumplirse.
Barreras a la nueva competencia
Para revertir esta tendencia es necesario superar importantes obstƔculos prƔcticos.
Reclutar candidatos calificados para postularse para cargos pĆŗblicos es muy difĆcil; reclutarlos para puestos aparentemente imposibles de ganar es casi imposible. Y convencer a las organizaciones partidistas nacionales, a los grupos de interĆ©s y a los donantes para que inviertan recursos en lo que consideran carreras "desesperadas" es igualmente desafiante.
Pero las consecuencias son demasiado importantes para ignorarlas e ir mĆ”s allĆ” de las consideraciones democrĆ”ticas o polĆticas.
Las legislaturas estatales sirven como campo de entrenamiento principal para los candidatos que luego buscan cargos mĆ”s altos. Cuando los partidos y sus candidatos talentosos se niegan a competir en estados enteros, pierden no sólo contiendas electorales inmediatas, sino tambiĆ©n la oportunidad de cultivar futuros lĆderes a nivel federal.
La competencia no puede producirse superficialmente, y tanto las causas como las soluciones a su reciente declive son complejas. Sin embargo, ambos deben contarse. Sin una competencia real, las elecciones corren el riesgo de pasar de ser un ejercicio real de soberanĆa popular a una mera formalidad administrativa.
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