En diciembre de 1989, las Naciones Unidas declararon el 13 de octubre DĆa Internacional para reducir el riesgo de desastres. En aquel momento, el objetivo era tomar parte en un riesgo de desastre que se piensa cada dĆa en el mundo.
Hoy en dĆa, esta misión es mĆ”s urgente que nunca, ya que los desastres suelen atacar con mayor fuerza.
Y aunque se han logrado avances significativos, aĆŗn queda mucho por lograr sobre los riesgos de desastres y sus influencias.
Uno de los principales culpables de la opinión sobre ciertos desastres es la forma en que hablamos de ellos. Somos propensos a centrarnos mÔs en las narrativas que rodean los acontecimientos para un comienzo rÔpido (incendios, terremotos, huracanes) en relación con crisis de largo plazo como el cambio climÔtico.
Pena de los dioses
Históricamente, la gente veĆa los desastres como fuerzas impredecibles mĆ”s allĆ” del control humano.
Los terremotos, las inundaciones y el hambre a menudo se explican como castigos de los dioses. Las comunidades creĆan que estos eventos reflejaban omisiones morales o veredictos divinos, arraigados en la tradición cultural-religiosa.
Por ejemplo, la epopeya de Gilgamesh habla de un gran diluvio enviado para limpiar a la humanidad de sus pecados. Las primeras tradiciones islÔmicas interpretan los desastres como pruebas de fe o signos de insatisfacción divina, con referencias en el CorÔn. Otras religiones importantes, como el budismo y el hinduismo, tienen interpretaciones divinas similares.
El terremoto de Lisboa de 1755 marcó un punto de inflexión, que impulsó la transición a las explicaciones de los desastres en las sociedades humanas.
Pensadores thishitelistas como Voltaire, Rousseau y Kant provocaron interpretaciones puramente religiosas, defendiendo el razonamiento racional y cientĆfico y una mejor comprensión de la naturaleza, en un nuevo desastre como las obras de la naturaleza.
Desastres causados por el hombre
Este cambio intelectual marcó el comienzo de la comprensión secular y cientĆfica de los desastres. Sugirió que los desastres se pueden estudiar, predecir y potencialmente prevenir la acción humana.
Construcción de esta Fundación, la Revolución Industrial en el siglo XIX ha introducido nuevos riesgos directamente relacionados con las actividades humanas, como los accidentes en las fĆ”bricas y el deterioro del ferrocarril. Mediante el anĆ”lisis estadĆstico de estos incidentes, los expertos identificaron patrones predecibles, alentando la creación de instituciones especializadas para gestionar y mitigar estos peligros emergentes.
Cómo evolucionó la comprensión de la influencia humana en los desastres a principios del siglo XX, los académicos han comenzado a explorar cómo el comportamiento social, las prÔcticas industriales y los niveles de preparación en la forma de formación de desastres.
Esta perspectiva ampliada enfatizó el papel crucial de las estructuras sociales y las decisiones humanas, mostrando que los desastres no fueron sólo eventos naturales, sino que tambiĆ©n estĆ”n profundamente entrelazados por factores humanos. Aunque todavĆa hay interpretaciones religiosas en algunas comunidades, el consenso pasó a ver los desastres como causados por el hombre.
En la dĆ©cada de 1960, la investigación se centró en las raĆces sociales, polĆticas y económicas de los desastres. Los acadĆ©micos demostraron que la pobreza, la mala gestión, la mala infraestructura y la desigualdad hacĆan que las comunidades fueran mucho mĆ”s vulnerables.
Como resultado, la atención se transfirió de la reacción despuĆ©s del desastre a resolver sus raĆces de antemano. Consideraba los desastres como obras de sistemas y estructuras sociales.

Debido al aumento del nivel del mar, unas 300 familias indĆgenas guna fueron trasladadas de la costa de Carrier en la isla Garda Sugdub de PanamĆ” a nuevas casas construidas por los gobiernos en tierra. (Foto AP/MatĆas Delacroik) PolĆtica y Capital se encuentran
Recientemente, la vulnerabilidad y la resistencia se han convertido en conceptos bĆ”sicos en las prĆ”cticas de gestión de desastres y en la formulación de polĆticas.
Marcos internacionales como el Marco de Hyogo (2005-2015) y el de Reducción del Riesgo de Desastres de Sendai (2015-2030) reflejan este cambio. Estos marcos definen los desastres como un problema global que requiere cooperación internacional, gestión sistemÔtica de riesgos y estrategias proactivas.
Hoy en dĆa, los acadĆ©micos reconocen ampliamente que los desastres no son eventos puramente naturales, sino el resultado de acciones humanas, incluida la negligencia, la mala planificación y la gestión inadecuada.
Sin embargo, sigue siendo objeto de controversia definir quĆ© es exactamente un desastre: ¿quiĆ©n decide quĆ© se considera desastre y segĆŗn quĆ© criterios? ¿CuĆ”les son mĆ”s importantes y merecen mĆ”s atención?
Esta diferencia es especialmente clara en los medios de comunicación y los debates polĆticos, que tienden a enfatizar los eventos de ocurrencia rĆ”pida, como terremotos, inundaciones o huracanes. Por el contrario, las crisis mĆ”s lentas y de largo plazo relacionadas con el cambio climĆ”tico o la degradación ambiental suelen recibir mucha menos atención.
¿QuĆ© cobertura mediĆ”tica falta?
Nuestra comprensión y gestión de desastres estÔ sesgada.
El reciente anÔlisis de los medios canadienses destaca un importante desequilibrio en la atención al repentino y controvertido desastre.
Los desastres repentinos, como los de la descendencia salvaje, reciben constantemente una cobertura mediĆ”tica mucho mayor en comparación con los eventos lentos que se desarrollan como la sequĆa o la degradación ambiental.
Por ejemplo, el CBC tardó hasta ocho horas en un dĆa en cubrir lo inmediatamente despuĆ©s del terremoto en HaitĆ en 2010. aƱos. Por el contrario, durante la sequĆa en Ćfrica de 2011, el aƱo generalmente recibió menos de dos minutos de cobertura diaria. Sin embargo, los impactos acumulativos de estas crisis de lentitud son significativos y a menudo superan los efectos de los desastres por su rĆ”pida ocurrencia.
SegĆŗn el informe de la Convención de las Naciones Unidas, aunque sólo el 15 por ciento de los desastres naturales fueron causados por los aƱos 1970. Hasta 2019, han expulsado el mayor nĆŗmero de vĆctimas humanas, provocando unas 650.000 muertes en todo el mundo.
Durante este perĆodo, los peligros meteorológicos, climĆ”ticos y hĆdricos estuvieron relacionados con la mitad de todos los desastres y el 45 por ciento de los desastres relacionados con desastres influyeron de manera desproporcionada en los paĆses en desarrollo. AdemĆ”s, entre 1998 y 2017, la sequĆa provocó pĆ©rdidas económicas de aproximadamente 124 mil millones de dólares.
El Banco Mundial subraya aĆŗn mĆ”s esta cuestión crĆtica y evaluarĆ” que los desastres asociados con fenómenos climĆ”ticos lentos podrĆan desplazar a unos 216 millones de personas alrededor de 2050 aƱos. AƱos. Esos desplazamientos tienen amplias consecuencias humanitarias y geopolĆticas.
Los acontecimientos recientes seƱalan las graves consecuencias de los desastres de datación lenta. Por ejemplo, el deterioro global del suelo afecta actualmente a casi 3.200 millones de personas. Entre 2015 y 2019, se perdieron cada aƱo 100 millones de hectĆ”reas del paĆs, recortando la producción de alimentos y exacerbando el hambre.
El creciente nivel del mar marino amenaza a casi 900 millones de personas en todo el mundo en zonas costeras bajas. Las inundaciones, la intrusión de agua salada y la salinización del suelo dañan los hogares, la agricultura y la salud pública.
Construcción de un futuro mejor
Abordar aquello a lo que prestamos atención requiere un cambio bÔsico en el acceso a los desastres.
Esto incluye el reconocimiento crĆtico de la responsabilidad humana en la exacerbación del peligro y el estudio de las vulnerabilidades estructurales (pobreza, infraestructura inadecuada, gestión ineficiente) que aumentan el impacto de los desastres.
Como empresa, debemos reevaluar sus prioridades y adoptar una perspectiva holĆstica que tenga en cuenta todas las formas de desastres por igual.
Con producción en prevención, infraestructura mÔs sólida y mayor capital social, las comunidades de CanadÔ y de todo el mundo pueden fortalecer su capacidad para afrontar el futuro.
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