En los Ćŗltimos aƱos, los incendios forestales se han vuelto mĆ”s generalizados, mĆ”s frecuentes y mĆ”s graves en muchas partes del mundo. Los veranos son mĆ”s calurosos, las sequĆas son mĆ”s prolongadas y los incendios forestales que hace dĆ©cadas eran excepcionales ahora son algo comĆŗn.
SegĆŗn el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales, en agosto de 2025 se quemaron mĆ”s de 540.000 hectĆ”reas en la PenĆnsula IbĆ©rica, la cifra mĆ”s alta jamĆ”s registrada.
Paisajes ricos en combustible
Cuando se pregunta si el cambio climÔtico estÔ detrÔs de ellos, la respuesta no es sencilla. Sin duda, el cambio climÔtico alarga las estaciones de riesgo y crea condiciones mÔs favorables para la ocurrencia de incendios, pero no es la única causa. Los incendios forestales también dependen de la fuente de ignición, del terreno y de la vegetación que los alimenta.
Para comprender los incendios actuales, tambiƩn debemos mirar el paisaje que hemos construido.
Desde el siglo XIX, se han extendido por toda Europa varios grandes programas de plantaciones destinados a la producción de madera, la protección del suelo o el desarrollo económico. En EspaƱa se han plantado mĆ”s de 5 millones de hectĆ”reas, en su mayorĆa con especies de pino, un legado que ha marcado profundamente el paisaje actual.
Con el tiempo, el abandono rural ha aumentado la cantidad y la continuidad de la biomasa, creando paisajes ricos en combustibles que ahora son muy vulnerables a los incendios. Pero, ¿cómo afectan los diferentes tipos de combustible a la gravedad y la recuperación del incendio? ¿Puede la gestión reducir el impacto de los incendios en paisajes dominados por plantaciones?
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Lecciones aprendidas de los incendios en EspaƱa
Nuestro equipo estudió tres grandes incendios en EspaƱa (Sierra Bermeja, La Culebra y Las Hurdes, ocurridos entre 2021 y 2023) y comprobó que las plantaciones de pino ardĆan con mayor intensidad que los robledales, los bosques mixtos o los matorrales. AdemĆ”s, estos tres Ćŗltimos tipos de vegetación mostraron claros signos de recuperación al cabo de un aƱo, mientras que las plantaciones permanecieron prĆ”cticamente desiertas.
Un aƱo despuĆ©s del incendio, el paisaje de las zonas boscosas no se parecĆa al ecosistema original, pero tampoco a una plantación en funcionamiento. TambiĆ©n notamos que las plantaciones pueden amenazar a sus vecinos. En tres incendios, la intensidad del fuego en la vegetación circundante fue mayor cuanto mĆ”s cerca se encontraban de las plantaciones mencionadas.
Sin embargo, no todas las plantaciones ardieron por igual. Descubrimos un umbral de unos 440 pinos por hectÔrea: por encima de esa densidad, la intensidad de los incendios se dispara. En cambio, en aquellas plantaciones donde se gestionó la densidad de Ôrboles y arbustos, las consecuencias del incendio fueron mucho menos graves.
Estas observaciones son una buena noticia, porque significan que la gestión de estas plantaciones puede marcar la diferencia. PrĆ”cticas como el raleo, la poda o la tala selectiva reducen la carga y la continuidad del combustible, y han sido efectivas para reducir los impactos del fuego en esas Ć”reas. Pasar de una plantación abandonada a una plantación gestionada puede marcar la diferencia entre un incendio que se puede apagar o un incendio extremadamente difĆcil de gestionar.
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Promover un paisaje mƔs diverso y menos inflamable.
En el pasado, las plantaciones de pinos desempeƱaron un papel clave en la economĆa europea y dieron forma a gran parte del paisaje que vemos hoy. Cierta reforestación ayudó a frenar la pĆ©rdida de tierras despuĆ©s de dĆ©cadas de sobreexplotación, y los salarios provenientes de la silvicultura permitieron a muchas familias vivir con dignidad en la economĆa de posguerra.
Sin embargo, en un contexto en el que las condiciones climƔticas se estƔn volviendo mƔs severas, estas plantaciones corren el riesgo de convertirse en focos de grandes incendios.

Paisaje en Sierra Bermeja (MƔlaga) a un aƱo del incendio en 2021. Juli G. Pausa
Los resultados de nuestra investigación muestran que no toda la vegetación arde de la misma manera, sino que el tipo, densidad y combinación de combustible determinan las consecuencias del fuego sobre el ecosistema y su capacidad de recuperación. Este hallazgo es importante: implica que las grandes inversiones en gestión forestal ya no son opcionales.
Necesitamos dejar de centrarnos en apagar los incendios cuando ocurren y empezar a centrarnos en reducir la vulnerabilidad del territorio antes de que comience el incendio.
Promover un paisaje mÔs diverso y menos inflamable, asà como mantener las plantaciones bajo gestión activa, es una estrategia realista y eficaz. Las medidas incluidas no sólo brindan beneficios a corto plazo, sino que también fortalecen los planes regionales de prevención y adaptación a incendios. AdemÔs, complementan, pero no reemplazan, las estrategias globales destinadas a mitigar el cambio climÔtico.
Si bien su implementación implica altos costos y desafĆos logĆsticos, tambiĆ©n ofrece oportunidades para promover una industria forestal mĆ”s sostenible, mitigar las consecuencias del abandono rural y promover paisajes donde las plantaciones sean parte del equilibrio entre la productividad económica y la preservación de los ecosistemas.
En un mundo cada vez mĆ”s caluroso y propenso a los incendios, plantar Ć”rboles como estrategia de mitigación del cambio climĆ”tico conlleva riesgos importantes. Sin embargo, a diferencia del clima o la topografĆa, el combustible estĆ” bajo nuestro control.
Repensar qué especies, dónde y cómo las plantamos y, sobre todo, qué les pasa después, es una condición imprescindible para construir paisajes mÔs resistentes al fuego y, en definitiva, para aprender a convivir con él.
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