El refrƔn italiano "Dolce far niente" -"quƩ dulce es no hacer nada"- ensalza la apuesta por el ocio, el relax, el descanso y, en general, todo aquello que no implique trabajo u obligaciones.
Pocas personas pueden darse el lujo de no hacer nada. Si bien albergamos la tentadora ilusión de comprometernos plenamente con nuestro tiempo libre en el improbable caso de que nos toque la loterĆa o lleguemos a la jubilación, lo cierto es que la mayor parte de nuestro tiempo lo dedicamos a tareas relacionadas con obligaciones, adquiridas o inesperadas.
Poco tiempo para el ocio
SegĆŗn clasificaciones habituales del uso del tiempo, suelen existir tres categorĆas bĆ”sicas de espacio dedicado a tareas ineludibles, salvo casos de fuerza mayor:
Trabajo remunerado, que se refiere a una ocupación profesional relacionada con un salario.
Trabajo no remunerado, principalmente relacionado con ocupaciones familiares, tareas del hogar o compras.
Cuidado personal, que incluye descanso, alimentación, higiene personal o ejercicio.
Estos tres grandes capĆtulos pueden ocupar, de media, alrededor del 85% del dĆa, aunque el porcentaje puede variar, lógicamente, en función de circunstancias personales y prĆ”cticas sociales. La conclusión, a los efectos de este artĆculo, es que sólo tenemos el 15% de nuestro tiempo para ocio. Y, dada la intensidad de otras tareas, es comprensible que la gran mayorĆa aproveche la oportunidad para no hacer nada dulce. O, en las versiones mĆ”s pasivas, sentado frente al televisor o pantalla.
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propio tiempo
Una de las exigencias de los jóvenes profesionales, especialmente después de la pandemia, es el equilibrio entre la vida profesional y privada. Esto se refleja en el acortamiento de la jornada laboral, la ampliación de las vacaciones o la consolidación del trabajo a distancia, aunque impliquen una reducción del salario.
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Su mayor valoración del bienestar personal y del equilibrio fĆsico y mental implica una ampliación del espacio dedicado al tiempo libre, porque el tiempo no se puede alargar. De ahĆ la bĆŗsqueda de fórmulas para aumentar la productividad y mantener el compromiso con la empresa y al mismo tiempo permitir disfrutar de mĆ”s tiempo de uso discrecional.
Por mi parte, no veo la necesidad de una separación tajante de los distintos usos del tiempo, e incluso considero conveniente que la frontera entre las distintas categorĆas sea difusa. Es normal hablar del trabajo en casa, pedir consejo o desahogarse, aunque los chismes excesivos en la oficina pueden cansar a las parejas.
Es mÔs, es lógico que si hay temas importantes en el trabajo, los hablemos con mÔs calma durante el fin de semana. De manera similar, cuando tenemos problemas familiares, es probable que los compartamos con nuestros colegas mÔs cercanos.
Un usuario dinƔmico
La ociosidad no significa no hacer nada o sentarse pasivamente frente al televisor. Aunque me conmueven las personas mayores que miran al horizonte, concentradas, quizÔs absortas en sus recuerdos, y creo que la contemplación de escenas sublimes de la naturaleza es inspiradora, estoy de acuerdo con el carÔcter activo y dinÔmico del ocio.
En su ensayo En defensa de los ociosos (1877), el autor britÔnico Robert Louis Stevenson afirmó:
"La capacidad de ocio implica un apetito universal y un fuerte sentido de identidad personal".
Stevenson animó a dedicar tiempo al ocio, a estar en la calle, a socializar, convencido de que se puede aprender mÔs de la experiencia directa que de los libros. El escritor lo experimentó en su vida. A pesar de sus problemas de salud, con dificultades respiratorias crónicas, viajó mucho, hasta los lejanos mares del Sur, en viajes estratosféricos para su época.
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feliz ocio
Por su parte, el filósofo britÔnico Bertrand Russell escribió su ensayo Elogio de la ociosidad (1932) desde una perspectiva reivindicativa y social. Motivado por las circunstancias de los trabajadores de su época y criticando la concepción liberadora del trabajo propuesta por el protestantismo liberal, declaró: "La creencia de que el trabajo es virtuoso ha hecho un daño enorme.
Russell, que abogaba por acortar la semana laboral, creĆa que el uso del tiempo libre debĆa ser guiado ("Hay que admitir que el uso inteligente del tiempo libre es producto de la civilización y la educación"). TambiĆ©n seƱaló que los placeres de la población urbana se habĆan vuelto esencialmente pasivos.
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Dos caras de la misma moneda
A diferencia de Russell, creo que la mejor manera de imaginar trabajo y ocio es verlos como dos partes inseparables de la vida, que dan sentido a nuestra existencia, algo que ya estĆ” presente en el origen etimológico de ocio (en latĆn otium) y trabajo (nec-otium), como conceptos complementarios.
El equilibrio y Ć©nfasis que se pone en cada uno de ellos depende de las caracterĆsticas individuales, de la personalidad de cada sujeto, de lo que nos hace mĆ”s felices y de lo que nos proporciona mĆ”s satisfacción, pero ninguna de las dos variables de la ecuación debe ser cero. En cualquier caso, segĆŗn lo anterior, el tiempo dedicado al trabajo no remunerado tambiĆ©n es trabajo real.
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Uso recreativo
Si el tiempo dedicado al tiempo libre tiene potenciales consecuencias positivas, serĆa recomendable analizar y decidir para quĆ© actividades lo utilizamos. SegĆŗn Stevenson, una parte importante deberĆa estar relacionada con la socialización, pero tambiĆ©n se deberĆa dedicar tiempo al desarrollo personal, a aprender cosas nuevas.
Existe un ocio sano y necesario surgido de las relaciones interpersonales, imprescindible para la felicidad y la convivencia social. Pero hay otra que nos hace crecer por dentro, la que surge de pensar, leer y contemplar obras de arte. Y quizƔs haya actividades de ocio menos loables e incluso perjudiciales, aunque existe una mƔxima generalmente respetada de que las personas hacen lo que quieren en su tiempo libre, siempre que no perjudique a los demƔs.
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SegĆŗn las estadĆsticas, miembros de todas las generaciones dedican una parte importante de su tiempo libre a las redes sociales. Son plataformas de relaciones interpersonales que han sustituido, en muchos casos, a las formas tradicionales de conectar, informar y aprender. A menudo debatimos quĆ© principios deben regir las relaciones en ese entorno social y cómo deben reflejar los mismos patrones de comportamiento y respeto que prevalecen en el entorno fĆsico, evitando la impunidad que brindan el anonimato y la ausencia.
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Educar para el ocio
En uno de sus toques de ironĆa, el filósofo danĆ©s Soren Kierkegaard afirmó:
"De todas las cosas divertidas, la que me parece mƔs divertida es estar ocupado".
Probablemente no se rió tanto del comportamiento de las personas diligentes o diligentes como de quienes viven inmersos en la actividad de forma reactiva. En el trabajo y en el tiempo libre no es tan importante estar ocupado, sino aprovechar esos momentos para darle sentido a nuestra existencia.
Se espera que el desarrollo de la inteligencia artificial generativa sustituya muchos puestos de trabajo profesionales en todo tipo de empleos y sectores, por lo que previsiblemente aumentarĆ” el tiempo libre. Esta variación en la ecuación del tiempo dedicado a las distintas actividades deberĆa ser objeto de anĆ”lisis y de estudio por parte de los educadores, con el fin de preparar mejor a los ciudadanos del futuro para el uso de su tiempo libre.
Una versión de este artĆculo fue publicada en LinkedIn.
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