Las crisis no son neutrales: reorganizan el gobierno. Cuando estalla una crisis, ya sea social, polĆtica o empresarial, no sólo se ponen a prueba las instituciones y organizaciones. TambiĆ©n se activan las expectativas sobre quiĆ©n debe liderar, quiĆ©n debe apoyar y quiĆ©n debe cambiar las reglas. La forma en que se distribuyen estos roles no es accidental.
Investigaciones recientes ofrecen algunas pistas para comprenderlo. Muestra que las mujeres tienden a interpretar y ubicarse en tres roles principales que se repiten una y otra vez en tiempos de crisis: autoridad, infraestructura y reconfiguración (AIR).
Autoridad: el liderazgo bajo escrutinio
En situaciones de crisis, la visibilidad y la legitimidad no siempre se distribuyen por igual. Las mujeres que aparecen en primer plano como autoridades, ya sean presidentas, ministras, asesoras o directoras, a menudo son evaluadas bajo expectativas contradictorias. Se espera de ellos Ć©tica y empatĆa, pero al mismo tiempo se cuestiona su actitud ante el riesgo y la incertidumbre.
Esta paradoja se hizo particularmente visible durante la pandemia de COVID-19. Los territorios gobernados por mujeres obtuvieron mejores resultados en indicadores como las tasas de mortalidad. También era mÔs probable que sus gobiernos asumieran riesgos económicos, por ejemplo implementando cuarentenas tempranas, para mitigar los costos humanos de la crisis. Sin embargo, la percepción de su liderazgo no necesariamente ha cambiado en la misma dirección.
Esta tensión convierte el liderazgo femenino en un sĆmbolo que no siempre funciona en igualdad de condiciones. AquĆ es donde encaja un fenómeno bien documentado: el acantilado de cristal. En tiempos de crisis, las mujeres tienden a ocupar puestos de poder, no necesariamente con pleno reconocimiento de sus carreras, sino porque la organización necesita transmitir un mensaje de cambio, reparación o renovación. Se colocan en primera lĆnea cuando el terreno ya es inestable.
Este patrón se repite en distintos Ć”mbitos: Theresa May en el Reino Unido, en plena crisis del Brexit; Kamala Harris en EE.UU., cuando las encuestas ya daban como ganador a Trump o, en EspaƱa, el caso de InĆ©s Arimadas que llegó a la presidencia de Ciudadanos despuĆ©s de que su partido perdiera 47 escaƱos en las elecciones generales de 2019. Fuera del Ć”mbito polĆtico, Montse TomĆ©, la primera mujer al frente de la selección espaƱola femenina, fue nombrada tras un escĆ”ndalo institucional que sacudió el fĆŗtbol femenino.
Infraestructura: mantenimiento del sistema
Si en un primer plano aparecen quienes lideran el sistema, en un segundo plano, mucho menos visibles, quienes lo apoyan. En tiempos de crisis, las mujeres actĆŗan como una verdadera infraestructura social: sustentan la vida diaria, absorben las crisis y mitigan el colapso. Lo hacen en el trabajo, en el hogar, en la comunidad y en muchos espacios intermedios.
Las cifras son enormes. SegĆŗn ONU Mujeres, proporcionan alrededor de tres cuartas partes de los cuidados no remunerados en el mundo. En Europa, durante la pandemia, dedicaron 36 horas semanales a estos cuidados, lo que equivale a unas 2.000 horas al aƱo. En EspaƱa, las estadĆsticas muestran que la brecha todavĆa existe, incluso en hogares donde ambos miembros trabajan a tiempo completo. De hecho, las empresarias y trabajadoras asumen una carga adicional de cuidados, experimentando mayores niveles de estrĆ©s y agotamiento emocional.
Estos datos no describen una tendencia natural, sino mƔs bien una estructura social que condiciona tanto las oportunidades de liderazgo como la forma en que se distribuyen los costos cuando el entorno se vuelve incierto.
Desde la cultura popular hasta ciertos discursos mediĆ”ticos, el trabajo de cuidados a veces se romantiza, por ejemplo a travĆ©s del fenómeno viral de las mujeres tradicionales ("la chica que se queda en casa") o como una mera elección individual. Sin embargo, desde un punto de vista estructural, representa la base económica y social sin la cual la recuperación potencial no serĆa posible. La cuestión no es sólo su valor simbólico, sino cómo se distribuye y quĆ© tipo de reconocimiento institucional recibe.
Reconfiguración: cuando la crisis abre espacio para el cambio
Este tercer rol amplĆa el cuadro: no estamos hablando sólo de quiĆ©n lidera o quiĆ©n apoya, sino de quiĆ©n redefine las reglas del juego. Esto incluye acciones de innovación social, redes de apoyo mutuo, activismo y propuestas de polĆticas pĆŗblicas que desafĆen prioridades previamente asumidas.
Se documentan colectivos de mujeres que lideran la movilización en crisis económicas y redes feministas que articulan planes de recuperación pospandemia. Estas iniciativas se basan en una idea simple pero poderosa: las crisis no son paréntesis, sino intensificación de las desigualdades existentes.
En este contexto, no se trata sólo de resistir la crisis, sino de decidir qué se protege, qué se prioriza y qué se considera resiliente cuando todo tiembla.
Un mapa mƔs completo
Las crisis no sólo revelan desigualdades: reorganizan responsabilidades y expectativas. Comprender los mĆŗltiples roles que ocupan las mujeres, como autoridad, como infraestructura y como agentes de reconfiguración, es crucial para comprender cómo responden nuestras sociedades en momentos crĆticos.
Cuando todo tiembla, no basta con mirar quién ocupa la oficina principal. También debemos fijarnos en quién sostiene la vida cotidiana, quién absorbe el impacto y quién inicia su transformación.
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