En las últimas dos décadas el trail running o carreras de montaña ha experimentado un crecimiento espectacular a nivel mundial. En países europeos como Francia, Alemania o España, el aumento de carreras y participantes es especialmente visible. En el caso de España se hablaba de un verdadero boom y el crecimiento no se ha frenado. Hoy en día es uno de los deportes de naturaleza más populares.
Este crecimiento ha traído beneficios evidentes: más actividad económica, más empleo temporal y más visitantes a las zonas rurales, lo que aumenta la visibilidad del territorio como destino deportivo o turístico. Durante un fin de semana de carreras, el entorno natural puede transformarse en un escaparate deportivo y turístico.
La paradoja del éxito
El trail running aparece como una práctica deportiva asociada a la naturaleza y al territorio. Se basa en la conexión con el medio ambiente, el respeto a la montaña y la identidad local. Hoy, sin embargo, su propio éxito lo coloca frente a su mayor desafío: ¿hasta dónde y cómo puede crecer sin poner en peligro el entorno propicio?
Más participantes significa más desgaste de los senderos, más movilidad, más desperdicio, más ruido. También crean presión sobre los ecosistemas frágiles y las ciudades pequeñas. Por tanto, el problema ya no es si estas razas crean influencia en la naturaleza, sino cómo gestionar lo que ya existe.
Ante este escenario, la pregunta es inevitable: ¿cómo poner límites para controlar su impacto en el medio ambiente?
Respuesta institucional: certificados
En este contexto aparece el Green Trail Concept, la primera certificación europea específica para carreras en carretera. Cuenta con el apoyo del programa Erasmus+ y varias organizaciones deportivas europeas. Su objetivo es claro: organizar el desarrollo de esta actividad bajo criterios de sostenibilidad ecológica, social y económica.
El concepto Green Trail va más allá de medir los residuos o limitar el uso de plástico. Analizar la huella ambiental del evento. Evalúa el transporte, la protección de la flora y la fauna y el uso responsable de las infraestructuras. Este tipo de evento deportivo puede contribuir a la pérdida o modificación del hábitat, perturbar a los animales y plantas locales, introducir especies invasoras, alterar los ríos y contaminar el medio ambiente.
Por ejemplo, priorizar el transporte público y el uso del coche, regular el acceso a espacios naturales y facilitar aparcamiento son algunas de las medidas que reducen el impacto ambiental de la movilidad en estos eventos.
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La certificación también incluye aspectos sociales y económicos como el apoyo al comercio local, la cooperación con los municipios, la inclusión y la igualdad de género.
La propuesta es ambiciosa. Quiere traducir la sostenibilidad en reglas claras y mensurables. De esta forma, te permite evaluar y comparar eventos, profesionalizar tu organización y establecer estándares comunes en Europa.
En España, la certificación Green CKSM Trail de la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (FEDME) avanza en la misma dirección. El modelo se centra en la evaluación de criterios ambientales. Carreras como la Gorbeia Suzien, que se disputa en Zeanura (Bizkaia), dentro del Parque Natural de Gorbeia, ya aplican esto en su planificación.
Debate básico
El sector está intentando autorregularse. Pero surge la pregunta: ¿puede el propio sistema de certificación garantizar la sostenibilidad de la carrera? ¿O es sólo el primer paso?
Claramente, este desafío no es sólo una cuestión técnica. Esto incluye decidir sobre el tipo de desarrollo de los territorios de montaña. La certificación puede regular prácticas y reducir daños específicos, pero no siempre cambia la forma de organizar los eventos ni garantiza una visión común del territorio.
Una carrera de montaña no es sólo un evento deportivo con impacto medioambiental. También es una construcción social. Activa la identidad local, las relaciones comunitarias y la dinámica económica.
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detrás del sello
No hay duda de que el concepto de vía verde representa un avance importante. Introduce normas comunes y mejora la planificación. Permite medir el impacto y requiere decisiones justificadas. Sin embargo, la sostenibilidad no se limita a la certificación.
Por eso, además de los sellos, se necesitan herramientas prácticas para cada territorio. También es necesaria la formación de los organizadores y la cooperación entre la comunidad académica, la administración y los promotores.
El progreso del sector debe basarse en decisiones claras sobre el modelo y las prioridades. Hay que decidir qué pesa más: aumentar el dorsal o preservar el equilibrio territorial; maximizar el impacto económico inmediato o garantizar la sostenibilidad a largo plazo.
Ejemplos como la carrera Zegama-Aizkori (que ya ha recibido el certificado Green Trail Concept), en el País Vasco, demuestran que el equilibrio no depende sólo del cumplimiento de indicadores medioambientales. También depende de establecer límites y mantener una conexión con la comunidad local.
De la misma manera, la fundación impulsada por el deportista español Kilian Jornet impulsó pensar en el impacto del deporte en la montaña. El mensaje es simple: correr implica responsabilidad. No basta con reducir el impacto. Hay que avanzar en repensar la relación entre deporte y territorio.
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