En la cultura popular y, por supuesto, en los memes, las personas vascas son sinónimos de fuerza gruesa. Hombres que crĆan la mitad de la tonelada de piedras, que dejan nueces con una frente o que hacen competiciones para cortar tropas del eje mĆ”s grandes que la maleta de la cabina. Pero, curioso, cuando hablas de la fuerza legendaria vasca, las mujeres casi nunca se mencionan. Y que hace mĆ”s de un siglo habĆa mujeres en Bilbau, que literalmente sacaban barcos rĆo arriba. Legumbres. Sin meme, pero con muchos mĆŗsculos.
SĆ, literalmente: mujeres que arrastran los barcos a lo largo del nervio de la fuerza de las armas, las piernas y mucha determinación. Eran sirriguere.
¿QuiĆ©n necesita ascensores cuando tienen mujeres?
Sirriguere se cometió sacando los barcos comerciales de nervios molestos desde la costa, sostenidos con cinturones hacia el cofre o la cintura, como si los animales de tiro humanos fueran. Caminaron por las carreteras de Sirga, dos paralelos al canal y diseñaron precisamente para facilitar este tipo de tracción. Trabajaron en grupos de tres a seis mujeres, sincronizaron el paso y la tensión de los cables para mantener un curso de barco y evitaron la electricidad de correr o redirigida.
Su trabajo no era solo una cuestión de fuerza gruesa: se requiere resistencia fĆsica, coordinación y conocimiento del paĆs. Tuvieron que ajustar la marea, al flujo del rĆo y la forma de cada bote. En muchos casos, los barcos se sobrecargaron con mineral de hierro, carbón o productos industriales, que han hecho una tarea aĆŗn difĆcil. AdemĆ”s, la firma del camino era irregular, fangosa y, a veces, peligrosa.
En ese momento (la segunda mitad del siglo XIX), los tractores de vapor todavĆa eran escasos y caros, y no todos los barcos podĆan permitĆrselo. El motor diesel aĆŗn no se ha inventado y el progreso tecnológico no ha alcanzado todas las rutas comerciales a la misma velocidad. En ese contexto, cuando el barco tuvo que superar los nervios para Bilbao, necesito un sistema de lobo auxiliar. La solución mĆ”s lógica? Buey? Caballos? No: Mujeres.
No era tanto el romanticismo o un destello de la fuerza de las mujeres, sino por una lógica económica marcada. El mantenimiento de los disparos de animales incluyó inversiones en alimentos para animales, espacio para establos, veterinarios y una ruptura para bestias. Por otro lado, se dan a las mujeres (vĆctimas de pobreza estructural), sin la necesidad de alojamiento o mantenimiento, para un salario muy bajo. Su fuerza laboral era mĆ”s rentable, mĆ”s accesible, principalmente, hĆŗmeda.
Entonces, habĆa: tirar de barcos con decenas de toneladas de carga, afuera, bajo el sol o lluvia, sin el derecho o el reconocimiento. No apareció en los registros oficiales. No tenĆan contrato. Su contribución fue crucial para el desarrollo de Luke Bilbao, pero dĆ©cadas han desaparecido de historias históricas. Recientemente, su cifra comenzó a recuperarse como parte del legado de los trabajadores y el EST femenino.
Jake mujeres sĆ pero invisible
El caso de Siriguera enfatiza la tendencia histórica: la invisibilidad sistemĆ”tica de las mujeres en sectores fĆsicos, tĆ©cnicos o tradicionalmente masculinos, como el marĆtimo. Durante siglos, es la idea de que las mujeres son criaturas frĆ”giles y delicadas las que han abolido bufandas e incompataras en habitaciones con cuerpo del centro del siglo XIX. Pero no todo estaba bordado. Algunos sudaron, tirando de barcos en la boca.
El sector histórico y marĆtimo estĆ” cerrado, exclusiva y profundamente en un entorno de tortura. La presencia femenina en esta Ć”rea era escasa, marginal y casi siempre narraba las exenciones clave. Cuando las mujeres ocurren en historias marĆtimas, generalmente son figuras secundarias, relacionadas con el rol domĆ©stico o administrativo. Se mencionan como viudas que heredan un trabajo despuĆ©s de la guerra, las mujeres que soportan la economĆa familiar o las hijas que tienen papeleo mientras los hombres van al mar.
El discurso dominante insistió en que su presencia era temporal, accidental o bienestar, como si nunca hubieran estado allĆ con su propia decisión o sus propios mĆ©ritos. Como si no fueran trabajadores, sino reemplazos temporales en tiempos difĆciles.
Sin embargo, los sirvientes rompieron por completo esa narrativa. No estaban allĆ por la ausencia de hombres o tradición o caridad hereditaria. Eran porque eran necesarios y porque cumplĆan la función esencial en la logĆstica del rĆo del tiempo. Realizaron un trabajo muy duro, sin reconocimiento, en condiciones inseguras y para salarios divertidos. Pero lo hicieron de manera eficiente, con la organización y la capacidad de llamar la atención hoy en cualquier plataforma viral.
Eran mujeres fuertes, sĆ, pero no por la esencia mĆ”gica o mĆtica, sino porque las empujaron a ellos y al sistema. Muchas eran madres, otros huĆ©rfanos, otros simplemente pobres. Y el Ćŗnico camino disponible fue el esfuerzo fĆsico: caminar durante horas a lo largo de la costa, las piernas se hundieron en el barro, apretando la cuerda que arrastraba el mol de hierro flotante.
No eran un fenómeno anecdótico o pintoresco: eran una parte estructural del funcionamiento de BiÅ”Äe Bilbao en el siglo XIX, al mismo nivel que las conexiones, marineros o mĆ”quinas. Solo que no estaban comprometidos con canciones o libros. Hasta hace poco, incluso mencionas archivos oficiales.
Culpa, asĆ como supersticiones
¿Y por quĆ© los pones duros? Para este cambio personalizado humano incómodo debajo de la alfombra. O, pero, culturas marĆtimas tradicionales, llenas de mitos y supersticiones que son vetola en la presencia de las mujeres en los barcos.
Durante siglos, creĆa que la mujer a bordo trajo mala suerte. Y esta creencia se ha convertido en una excusa perfecta para limitar su enfoque del trabajo marĆtimo, complaciĆ©ndolos con tareas invisibles o excluyĆ©ndolas directamente. Tanto que los apagaron del sector, de historias y libros históricos.
Lo ironoso es que si bien dijeron que no podĆan estar en la cubierta, sacaron el barco del suelo.
¿Y hoy?
Hoy, las cosas han cambiado, pero no tanto. Las mujeres siguen siendo una minorĆa clara en el sector marĆtimo. SegĆŗn la Organización MarĆtima Internacional (OMI), menos del 1% de la fuerza laboral en esta Ć”rea son mujeres, y la mayorĆa se concentran en funciones administrativas, no tĆ©cnicas u operativas.
Sin embargo, olvidadizo no estĆ” completo. En Bilbao estĆ” frente al estuario, hay una escultura que vale la pena pagar a los sirvientes. Es un Wajar Navarra Dora Salazar, que muestra la silueta de cuatro mujeres que conducen una cuerda. Es tarde, pero importante reconocimiento. La recuperación de la memoria es una forma de recuperar un lugar que nunca deberĆan perder.
Las babosas no son anĆ©cdotas curiosas. Son evidencia tangible de que las mujeres estaban en todos los sectores, incluso en los mĆ”s difĆciles, aunque no fueron reconocidas. Arrojeron los barcos por necesidad, pero tambiĆ©n fortaleza que desmonta cualquier estereotipo en la farmacia femenina.
0 Comentarios